Ciudad de Nueva York citas

Imagen en blanco y negro de la ciudad de Nueva York, Manhattan, tomada desde el cielo. En la imagen puedes ver muchos monumentos icónicos de la Ciudad de Nueva York, ¿los reconoces todos? El póster se imprime con tintas de alta calidad en un hermoso papel de galería de 240 g con acabado mate. 80 Frases de Nueva York, la ciudad donde los sueños se cumplen. 1. La mentalidad de suburbios es incapaz de abarcar la complejidad emergente de una acera de Nueva York. – Robin Sloan. 2. Se trataba simplemente de uno de esos momentos tan habituales en nueva york en que uno se enfrenta a todo un maldito cúmulo de opciones. [nt]Llámenos al si necesita ayuda gratis en su idioma: 1-518-486-9786La política del Estado de Nueva York incluye proveer servicios lingüísticos en la prestación de servicios y programas públicos. Si usted cree que no se le ha brindado un servicio adecuado de interpretación o que se le ha negado un documento disponible en versión traducida, por favor solicite un formulario de En Nueva York, Badoo es el lugar perfecto donde conocer gente nueva para flirtear, conocerse, quizás incluso tener una cita. Pocos lugares son mejores para tener citas que la Gran Manzana, donde se encuentran algunos de los mejores restaurantes del mundo. NUEVA YORK – Los tortolitos en la ciudad de Nueva York que buscan contraer matrimonio tendrán que esperar algunos meses para pedir su cita para obtener la licencia. Hace unas semanas, la ciudad anunció el 'Proyecto Cupido', su primer portal de licencias de matrimonio en línea. Ahora, la oficina del secretario municipal dice que las ... El 14 de enero, la Ciudad pasará a un sistema de citas para incrementar la facilidad de acceso a los solicitantes. “Al construir el programa, nos dimos la opción de cambiar a un sistema de citas si la demanda era más grande que la anticipada”, dijo la directora de Operaciones Mindy Tarlow . La ciudad más grande del estado de Nueva York y de los Estados Unidos; ubicada en el sureste de Nueva York, en la desembocadura del río Hudson. Se trata de un importante centro financiero y cultural. Para saber más sobre la ciudad de los rascacielos puedes leer la siguiente selección de frases, citas y aforismos sobre Nueva York.

libro sobre guerra y amor

2019.12.08 22:30 tiana_culasso libro sobre guerra y amor

bueno, la portada del libro si mal no recuerdo es la de una chica creo que con botas, rubia y con anteojos de sol sentada en un banco, y de fondo estan los edificios de creo que nueva york. el color que mas predomina es el lila. el libro abarca varias jergas y frases en aleman creo, y es muy importante porque la historia trata sobre la guerra aunque no recuerdo si es algo relacionado a los nazis. la historia empieza con un padre y una madre que acompañan a sus dos hijas a la estacion de tren, a despedirlas, ya que se mudan para buscar un trabajo. el padre les dice que se cuiden, que no se distraigan y consejos relacionados a que no se olviden el motivo de su viaje: solamente el de encontrar empleo. suben y llegan a la ciudad. repito, creo que es en alemania o alguna ciudad europea. cabe destacar que esta historia esta ambientada mas o menos en 1940, y de ahi en adelante. en fin, estas dos hermanas, se alojan en una especie de hotel con otras chicas que estan en la misma situacion que ellas, buscar trabajo. a pesar de que las instalaciones no son malas, la mujer que cuida de el y que les cobra la renta es muy estructurada en cuanto a los horarios y el comportamiento politicamente correcto. las chicas encuentran dificil adaptarse ya que tienen que comenzar a cocinarse por ellas mismas, lavar su propia ropa (independizarse, basicamente). la historia es bastante seria pero le agrega toques graciosos como para aliviar la tension, como cuando las dos hermanas salen a un supermercado a comprar los ingredientes para una salsa de un almuerzo, y como no saben todavia hablar correctamente el idioma, la cajera termina vendiendoles comida de perro, y ellas al no darse cuenta, lo cocinan y se lo comen, donde se percatan que no era lo que le habian pedido. una de las hermanas era mas suelta que la otra, y es la que termina enamorandose de un soldado o un militar. arreglan varias citas y se encuentran cada vez mas a menudo. tenian varios sitios especiales donde tambien los acompañaban su hermana y un amigo del soldado, que tambien era militar o algo por el estilo. la historia trata de hacer entender que la hermana mas liberal siempre buscaba la manera de verlo, ya que la cuidadora donde se alojaba era super estricta. en una de las citas, el la lleva a un motel donde tienen sexo. despues no recuerdo muy bien que es lo que sucede, creo que el tiene que ir a la guerra y deciden cortar toda relacion, pero ella esta embarazada, pero ninguno de los dos lo sabe. aca, la historia se detiene y empieza la segunda parte, donde se cuenta toda la historia de la chica que nacio de ese embarazo (ya no se sabe mas nada de la hermana de la mujer que estaba embarazada). la historia ya es mas moderna y muestra a esta chica como alguien indepediente y ambiciosa en su trabajo como periodista de una revista muy famosa de la zona, creo que de nueva york. ella constantemente compite con una compañera de trabajo para lograr aumentos, publicaciones, prestigio, etc, y mas ahora que habra un gran premio para la que redacte la mejor historia para cerrar el año. ella vive con su madre, pero nunca conocio a su padre, pero sabe toda la historia. en fin, la historia empieza a tornarse interesante cuando se repite la misma secuencia que con su madre; se enamora de un soldado. la madre, cuando se entera de todo esto, se muestra renuente a que se siga viendo por miedo a que le pase lo mismo que a ella. ella tambien tiene ese temor, pero su deseo es mas fuerte. al principio ella se niega pero despues cada vez la relacion se hace mas fuerte. cabe destacar que hay un momento de la historia en que ella debe partir hacia otra ciudad a hacer un reportaje del tema sobre la historia para cerrar el año, donde la va a acompañar su colega y tambien mejor amiga, una chica lesbiana que tambien se engancha con una amiga del soldado-novio de su mejor amiga. ella es la encargada de la fotografia. ella vuelve y ya tiene como su boceto o borrador de lo que va a redactar, solo basta editarlo, imprimirlo y entregarlo, pero termina optando por escribir sobre la historia de su madre, ya que considera que es mas interesante. en una ocasion, donde ella estaba desayunando con el soldado, le confiesa toda la historia de su padre. el, al ser soldado, tiene un privilegio de saber toda la informacion sobre cierto soldado con solo tener su nombre y apellido. ella al principio se niega a saber si esta vivo o muerto, porque si estaba vivo, significaba que el no las habia buscado, y si estaba muerto, bueno, estaba muerto. se iba a sentir mal pero aun mas su madre, pero al final accede. descubre que esta vivo, pero que perdio una o dos piernas, no recuerdo, y que vive en una granja o especie de campo, con alguien que lo cuida, no recuerdo si es un familiar o no. ella le cuenta toda esta situacion a su madre y deciden buscarlo, ya que le quieren dar el beneficio de la duda, porque creen que no las busco por vergüenza al haber quedado discapacitado. el al final las reconoce y todo termina en una gran celebracion, donde se celebran principalmente tres cosas: que la familia (la madre, el padre y ella) se hayan reconciliado, la propuesta de matrimonio del soldado a ella y que ella y su mejor amiga ganaron el concurso de la mejor historia para cerrar el año.
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2019.11.29 11:03 alforo_ “El origen de muchos problemas del periodismo está en las estructuras económicas”

Se ha consumado el golpe más artero y nefasto de la historia”, denunció en su cuenta de Twitter el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, el 12 de noviembre. Cuatro días después informó en las redes sociales del Decreto Supremo 4078 firmado por Jeanine Áñez, autoproclamada presidenta golpista del país, que eximía de responsabilidad penal a las fuerzas armadas en la represión; “es una carta blanca de impunidad para masacrar al pueblo”, señaló el líder indígena, que también denunció los crímenes de la “dictadura inconstitucional”: 33 muertos, 804 heridos y 1.511 detenidos según la Defensoría del Pueblo.
El periodista Pascual Serrano recogió en un artículo, publicado en eldiario.es, ejemplos de cómo los medios informativos del estado español evitaron la expresión “golpe de Estado”. Así, según El País, “El Ejército obliga a Evo Morales a renunciar como presidente de Bolivia” (11 de noviembre) y, al día siguiente, también en El País, “La violencia sobrecoge a Bolivia. Los militares salen a la calle con la policía para ‘evitar sangre y luto’ (…)”; en El Mundo, “Evo Morales, el indígena que sucumbió a las mieles del poder” (11 de noviembre); y en el diario monárquico ABC, la crónica empezó con un concluyente “Evo Morales tiró la toalla”. Además según el reportero y columnista de The New York Times, Max Fisher, “la crisis en Bolivia ilustra la difusa línea entre golpe de estado y revuelta”, interpretación que difundieron otros analistas.
Son muestras que tal vez encajen en el último ensayo de Pascual Serrano (Valencia, 1964) Paren las rotativas. Una pausa para ver dónde está y adónde va el periodismo, editado por Akal. El autor, que escribe artículos regularmente en eldiario.es, Mundo Obrero y Cuarto Poder, y es miembro del consejo editorial de la revista El Jueves, defiende las tesis que ha expuesto en publicaciones y conferencias. “Tanto el origen como la solución a muchos de los problemas del periodismo se encuentran en las estructuras económicas, y sin actuar sobre ellas, conformándonos con meras aspiraciones de gestión política, poco se podrá hacer”, afirma; y concluye el libro con las palabras que la fuente secreta del caso Watergate le trasladó al periodista Bob Woodward: “Sigan la pista del dinero”.
En un mundo hiperconectado, sobresaturado de información, dominado por la imagen y “pantallas invasoras” (la Asociación de Investigación Para los Medios de Comunicación señala que un tercio de las personas que acceden a Internet a través del teléfono móvil lo hace “casi constantemente”), Pascual Serrano reivindica el valor de los libros y la palabra escrita: la necesidad de profundidad, espacio y tiempo. En ocasiones, añade el escritor, “recurrir a la fuente de una red social para informarnos es como si hace diez años un periodista escribiese ‘oí en un bar’”. Traficantes de Información (2012), Contra la neutralidad (2011) o Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo (2009) son algunos de sus libros.
De modo irónico, el periodista titula uno de los apartados del libro “Peligro, rusos”. Hace referencia a informaciones de El País como “La trama rusa empleó redes chavistas para agravar la crisis catalana” (noviembre de 2017), en las que se cita al canal RT y la agencia Sputnik; o por las mismas fechas, en ABC: “La actividad de centros de intoxicación de las redes sociales desde Rusia o Venezuela ha sido probada fehacientemente” en Cataluña, el referéndum del Brexit o las elecciones presidenciales francesas de 2017. También el Centro de Excelencia de Comunicaciones Estratégicas de la OTAN pidió al estado español “que se proteja de la injerencia rusa”, informó el exdirector adjunto de El País, David Alandete, autor del libro Fake news: la nueva arma de destrucción masiva (2019). En diciembre de 2018 la Comisión Europea aprobó un Plan de Acción contra la Desinformación, que establecía, para la “mejora de la detección” de fake news, un aumento presupuestario de 1,9 millones de euros en 2018 a 5 millones en 2019 (en octubre de 2018 empresas como Facebook, Google y Twitter firmaron el Código de Buenas Prácticas de la UE contra la Desinformación).
¿Dónde puede seguirse el rastro de las informaciones falsas? Pascual Serrano recuerda que en una entrevista en el canal de televisión MSNBC, en febrero de 2017, la asesora del presidente Trump, Kellyanne Conway, mencionó una supuesta “masacre” en la ciudad estadounidense de Bowling Green (Kentucky), que nunca ocurrió y cuya autoría intelectual atribuyó a dos ciudadanos iraquíes (la consejera realizó las declaraciones en el contexto del veto migratorio aprobado por Trump, que afectaba a siete países de mayoría musulmana). Para justificar esta prohibición, en febrero de 2017 Donald Trump también se inventó –durante un mitin en Florida- un ataque terrorista supuestamente perpetrado en Suecia.
En enero de 2013, El País publicó en la portada una fotografía falsa del expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, presuntamente enfermo y entubado en un hospital. “¿Acaso los presidentes más poderosos del mundo y todos los grandes medios no nos engañaron cuando nos contaron que, en Iraq, había armas de destrucción masiva”, se pregunta el autor de Paren las rotativas.
Los ejemplos conectan con otro apartado del libro, “Intoxicados por las fuentes oficiales”; Pascual Serrano apunta que, en abril de 2014, el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García-Margallo, del PP, informó que España suspendía las exportaciones de material antidisturbios a Venezuela; el anuncio, recogido por la Agencia Efe, fue difundido por medios como El Universal de México, La Vanguardia, Caracol Radio de Colombia, COPE o La Nación de Argentina; al día siguiente el gobierno de Venezuela aclaró, en un comunicado, que las fuerzas de seguridad de este país “no poseen ningún contrato vigente” de suministro de equipos antidisturbios con el Gobierno de España o las empresas españolas; se dio la circunstancia que agencias como Efey medios como La Vanguardia se hicieron eco del desmentido, “pero millones de personas de todo el mundo se quedarían con la primera versión”, concluye el escritor y analista.
En el verano de 2013, el Ministerio del Interior español emitió un comunicado, con fotografías y un vídeo adjunto, que hacía referencia a la llegada en una patera -a la costa de Melilla- de 15 migrantes subsaharianos, tres de ellos menores. “Las mujeres amenazaron con arrojar a los niños al agua” si se acercaba la guardia civil o “interceptaba” la embarcación, según Interior. La versión oficial añadía que, para frenar la acción de los guardias, los (hombres) migrantes amenazaron con prender fuego a la patera. ABC y El País, entre otros medios, reprodujeron el contenido de la nota oficial. Pascual Serrano recoge el análisis de la noticia en eldiario.es, que rebate la tesis de Interior: el vídeo difundido como presunta prueba de los hechos no demostraba ninguna de las acusaciones y, además, se omitía que uno de los agentes rocío la patera con un extintor.
Corren “malos tiempos para la libertad de expresión”, subraya el ensayista, que en 2016 publicó con Juan García Moya el libro Los gobiernos españoles contra las libertades. Pascual Serrano explica en el libro el caso de los fotoperiodistas Raúl Capín, colaborador de Mundo Obrero, y Adolfo Luján, detenidos en mayo de 2013. Su detención muestra “la represión de las autoridades españolas y su desesperación ante la difusión de documentos que muestran la violencia contra manifestantes”, explica; pero también que la captura policial fue “clamorosamente ignorada por los medios comerciales”; el director y el subdirector de la revista El Jueves fueron juzgados por un presunto delito de injurias en 2018, tras publicar el siguiente chiste en la portada: “La continua presencia de antidisturbios acaba con las reservas de cocaína en Cataluña” (la causa fue finalmente archivada en mayo de 2019).
Pascual Serrano señala el procesamiento del actor Willy Toledo por un presunto delito de ofensa a los sentimientos religiosos (septiembre de 2018); y recuerda que la Audiencia Nacional condenó tanto a la tuitera Cassandra Vera -a un año de prisión- por los comentarios en las redes sociales sobre la muerte de Carrero Blanco (el Tribunal Supremo la absolvió en marzo de 2018); como al rapero Pablo Hásel, por enaltecimiento del terrorismo e injurias y calumnias contra la corona y las instituciones del Estado (dos años de prisión y 24.300 euros de multa, rebajada a nueve meses por la Audiencia Nacional en septiembre de 2018). En este contexto de restricción de libertades, el periodista concluye con una idea central: “Es responsabilidad de los poderes públicos
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=262895&titular=%93el-origen-de-muchos-problemas-del-periodismo-est%E1-en-las-estructuras-econ%F3micas%94-
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2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
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2016.06.05 19:48 ShaunaDorothy EE.UU.: Cacería de brujas asesina “Delincuentes sexuales” marcados por el estado: Parias de por vida (Febrero de 2014)

https://archive.is/HdHvI
Espartaco No. 40 Febrero de 2014
Durante las últimas décadas, la policía sexual de este país ha capturado a cerca de un millón de personas. Se les encarcela, se les humilla públicamente y se les pone en peligro mediante los registros de “delincuentes sexuales” en Internet, se les rastrea con tobilleras de GPS, se les expulsa de sus propias comunidades y se les obliga a vivir bajo los puentes o en los bosques. Se han convertido en parias sociales, en los leprosos de la actualidad.
Incluso mientras el matrimonio gay —y los boy scouts (abiertamente) gays— son cada vez más aceptados, el esfuerzo de los gobernantes por legislar el sexo y la “moralidad” parece no tener fin. Su más reciente expresión es el frenesí azuzado contra un supuesto brote de incorregibles “depredadores sexuales”, especialmente los que supuestamente tienen como blanco a niños en Internet (es decir, un mundo fantástico) o a través de la pornografía (también pura fantasía). No hay tal epidemia; sin embargo, parece haber un gran número de policías infiltrados al acecho en los chat rooms. Se ha victimizado a miles sólo por mirar pornografía o por intentar comunicarse con otros, por no hablar del sexo consensual con menores, nada de lo cual sería un crimen en una sociedad racional.
Tal como ocurrió con la histeria de los años ochenta y noventa sobre las supuestas redes satánicas de abuso de menores en las guarderías, el depredador de Internet es un mito manufacturado por el gobierno y los medios. Incitando y manipulando el miedo y las actitudes sociales atrasadas, su finalidad subyacente es legitimar y fortalecer los poderes del estado capitalista. Mientras los políticos demócratas y republicanos sermonean sobre “proteger a nuestra niñez”, los imperialistas estadounidenses bombardean a niños en todo el mundo y millones pasan hambre incluso en este país, donde la tasa de mortalidad infantil llega al lugar 51 del mundo.
Entre las innovaciones legales más perniciosas, diseñadas para aumentar el control del gobierno, están las leyes federales que firmó el presidente demócrata Bill Clinton a mediados de los noventa y que le exigen a los delincuentes sexuales liberados que se registren en Internet y notifiquen a la comunidad su paradero. Otro estatuto le exige a las autoridades estatales que transmitan sus datos y huellas digitales al FBI para que éste forme una base de datos nacional. También está el “confinamiento civil”, que permite mantener a los prisioneros recluidos más allá del término de sus sentencias. Con estas leyes, los convictos de delitos sexuales se ven inmersos en un laberinto kafkiano de presunta culpabilidad, ostracismo social, castigos preventivos, miedo y violencia, frecuentemente de por vida.
Para Charles Parker de Jonesville, Carolina del Sur, y para su esposa, registrarse como delincuente sexual fue una sentencia de muerte. En julio, Jeremy Moody halló el nombre de Parker en el registro y ubicó su hogar en un mapa, se dirigió ahí y disparó y apuñaló a la pareja. “No he venido a robarte. He venido a matarte porque eres un abusador de niños”, dijo Moody, quien tiene la palabra “skinhead” [cabeza rapada] tatuada en el cuello. (Parker no había sido convicto por abuso de menores.) Posteriormente, Moody admitió que se preparaba para matar a otra persona que figuraba en el registro.
Un caso de estudio: Los Friedman
Hace poco volvió a las noticias el caso de Arnold Friedman y su hijo adolescente Jesse, documentado en la escalofriante película nominada al Oscar de 2003 Capturando a los Friedman. La película muestra cómo los dos hombres de Long Island, víctimas del abuso policiaco, la histeria de la comunidad y el sesgo judicial, fueron obligados a confesar en falso decenas de casos de abuso de menores que supuestamente ocurrieron en las clases de computación de Arnold, con la ayuda de Jesse. Un amigo adolescente de éste, Ross Goldstein, también fue condenado a trece meses de prisión tras ser obligado a confesar y a hacer acusaciones falsas contra Jesse.
Los cargos de esa cacería de brujas iban desde lo inverosímil hasta lo imposible. Como lo puso Jesse Friedman, un niño de diez años que asistía a las clases semanalmente alegó que había sido forzado a tener sexo anal u oral 30 veces en un periodo de diez semanas y —tras reinscribirse— fue violado 41 veces a lo largo del siguiente año. Entre lo que un cargo describía como abusos en grupo se incluía el “salto de rana”, en el cual Arnold y Jesse supuestamente sodomizaban a toda la clase de niños desnudos saltando de uno al otro. Pese a las historias de violencia física, abuso verbal y sexo forzado frente a toda la clase, no se presentó una sola evidencia: ni moretones ni ropa manchada de sangre. Ni uno solo de los padres expresó la menor sospecha hasta que la policía llegó a sus casas a interrogar a sus hijos.
El único hecho incuestionable es que en 1987 los agentes aduanales interceptaron un paquete dirigido a Arnold Friedman que contenía pornografía infantil, lo que llevó a la policía a allanar el hogar de los Friedman en el suburbio de Nueva York de Great Neck. La policía confiscó unas 20 revistas de pornografía infantil tomadas de varias partes de la casa y una lista de los niños que asistían a las clases de Arnold.
¡Al poseer pornografía infantil, Arnold Friedman no cometió crimen alguno! Fotografías, sexo de fantasía, entretenimiento: la pornografía no hace daño a nadie. ¿Cuántos de nosotros podríamos librarnos de la prisión si los “pensamientos desviados” se castigaran con cárcel? Al contrario de ciertos feministas y de los maoístas del Revolutionary Communist Party [Partido Comunista Revolucionario], quienes quisieran prohibir la pornografía sobre la espuria base de que provoca violencia contra la mujer, nosotros reconocemos que las leyes antipornografía dañan a todos al legitimar la censura y desatar la interferencia estatal en la vida privada. Nos oponemos a las leyes contra la pornografía y a las leyes contra los “crímenes sin víctimas”, como la prostitución, las drogas y las apuestas. ¡El gobierno debería sacar los ojos, oídos y narices de las alcobas y de las vidas privadas de la gente!
Según la retorcida lógica que esta sociedad promueve, Arnold Friedman, espectador de pornografía, debía ser por lo tanto un abusador de menores, por lo que fue condenado a una sentencia de diez a 30 años de prisión y murió en la cárcel en 1995, aparentemente por suicidio. Jesse recibió una sentencia de seis a 18 años tras las rejas. Lo liberaron en 2001 después de trece años, sólo para que comenzara una cadena perpetua de persecución legal y social.
Ya antes de que comenzara el juicio, las autoridades promovieron la noción de que cada uno de los estudiantes de Arnold debía ser considerado una víctima. Cientos de padres de familia histéricos se apiñaron en reuniones comunitarias exigiendo asesoría sobre cómo ayudar a sus hijos. Se les dijo que fueran a terapia. Años después, muchas supuestas víctimas testificaron respecto al terrible daño que sufrieron ellos y sus familias cuando el estado los obligó a inventar historias, y luego por la subsiguiente “terapia” basada en esas ficciones.
En 2013, la oficina del mismo fiscal que condenó a los Friedman revisó el caso en respuesta a una acusación de calumnia que el Tribunal de Apelaciones del II Distrito emitió en 2010. El tribunal escribió: “Aquí las actas indican una ‘probabilidad razonable’ de que Jesse Friedman fuera injustamente sentenciado”. Para la revisión de la fiscalía, Ross Goldstein (a quien los documentos legales se refieren como Kenneth Doe) habló por primera vez en 23 años. En un documento de nueve páginas dirigido al fiscal de distrito, afirmó: “Ninguno de los sucesos que Kenneth Doe supuestamente describió o que se atribuyen a él tuvo lugar en realidad”. Goldstein reunió a numerosos ex alumnos que hoy afirman que en las clases no ocurrió absolutamente nada y que la policía los intimidó para que rindieran falsos testimonios. Sin embargo (predeciblemente), el resultado del autoexamen fue que la oficina del fiscal se absolvió a sí misma de cualquier falta en el proceso.
La sexualidad infantil y el estado
El caso Friedman, una tragedia incesante para toda una familia, subraya varias cuestiones políticas importantes. El enfoque de la Spartacist League deriva de nuestra concepción marxista del mundo y nos enfrenta con el moralismo burgués y con frecuencia también con muchos grupos autodenominados socialistas. La sexualidad humana es muy amplia, pero su práctica está condicionada por cada sociedad particular. La sociedad burguesa estadounidense, con su componente de fanatismo religioso, destina una cantidad considerable de energía a delimitar los apetitos sexuales en nombre del orden social. Con sus policías, jueces y prisiones, la intervención del estado en las relaciones sexuales privadas tiene como fin imponer la moralidad que profesa la burguesía, y con frecuencia transforma una experiencia inofensiva y muchas veces positiva en una pesadilla. El estado burgués no es ni un árbitro neutral ni un protector de la ciudadanía; existe para asegurar la conservación del dominio capitalista.
La premisa de muchas leyes contra el sexo es que los niños son seres asexuales. De manera absurda, los púberes y los adolescentes con las hormonas desbocadas son considerados niños. De hecho, la sexualidad es parte de la constitución humana desde la infancia. Como discutimos con amplitud en el artículo “Unholy Alliance of Feminists and Christian Right—Satan, the State and Anti-Sex Hysteria” (La impía alianza de los feministas y la derecha cristiana—Satanás, el estado y la histeria antisexo, Women and Revolution No. 45, invierno-primavera de 1996), los niños son pequeños animales inquisitivos que en su camino a la madurez llevan a cabo experiencias y observaciones sexuales y de todo tipo. Tal como ocurre con otras especies de primates, el sexo entre los humanos tiene un amplio componente de aprendizaje. Hoy, en gran parte del país se le niega a la juventud el acceso oportuno a los métodos anticonceptivos y a la educación sexual, dejándola vulnerable a los embarazos no deseados y a las enfermedades de transmisión sexual. Si intenta actuar como la televisión e Internet le enseña, se mete en problemas.
Las leyes contra el estupro varían mucho de un estado a otro, pero todas criminalizan toda actividad que un tribunal considere sexual por el solo hecho de que un menor (alguien que no haya llegado a la “edad de consentimiento”) participe en ella, independientemente de si lo que suceda sea o no consensual. La ley mezcla deliberadamente el sexo consensual con el ataque sexual violento y con la violación. Cualquiera que sea hallado culpable de haber tenido sexo con un menor, o cualquier cosa considerada contacto sexual, se considera automáticamente un delincuente violento. La designación “depredador” puede aplicarse cuando un tribunal decide que una relación fue establecida o promovida con fines de “victimización”.
El único lineamiento para cualquier relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el entendimiento mutuo de las partes participantes— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual. Sin duda, determinar incluso lo más básico —por ejemplo, si un acto tuvo lugar realmente y si fue consensual— puede ser problemático a veces. Y ciertamente hay muchos casos en que la víctima de una violación o de un abuso violento puede recurrir a la ley. Al mismo tiempo, como alguna vez comentó el dramaturgo irlandés Brendan Behan en un contexto diferente: “Nunca he visto una situación tan terrible que un policía no pueda empeorar”. Además, desentrañar las cuestiones de la sexualidad humana del entramado de prejuicios sociales es casi imposible en esta sociedad dividida en clases y razas. Libre de la crueldad y la fría indiferencia que resultan de la búsqueda de ganancia, una sociedad socialista buscaría un enfoque científico a estas cuestiones difíciles.
Enciérrenlos...
Las leyes antisexo han creado una enorme masa de blancos potenciales, alimentando pesquisas con vastas sumas de dinero para trabajo encubierto y alentando procesos fraudulentos mediante el uso de oscuras invenciones siquiátricas y “testigos expertos”. En consecuencia, cada vez más víctimas caen en las fauces del sistema carcelario estadounidense, que ya es el mayor del mundo. Las cifras de la guerra contra los “depravados” sexuales se suman a las de la anterior “guerra contra el crimen” y a la continua “guerra contra las drogas”, eufemismos para nombrar la persecución legal racista que ha cuadruplicado la población carcelaria a cerca de 2.2 millones de personas al día de hoy, de las cuales casi la mitad son negras.
Desde los años setenta hasta hoy, el número de personas encarceladas como delincuentes sexuales se ha multiplicado. El libro Sex Panic and the Punitive State (Pánico sexual y el estado punitivo, University of California Press, 2011), de Roger N. Lancaster, aporta una investigación útil que describe el desarrollo de estos pánicos y muestra con precisión cuán vasto es el archipiélago de víctimas de la persecución sexual estatal. Lancaster escribe: “Nacionalmente, los casos reportados de abuso infantil saltaron de seis mil en 1976 a 113 mil en 1985 y a 350 mil en 1988: la cifra se multiplicó 58 veces en doce años”. Apuntando al terror irracional al “desconocido que acecha”, en un artículo publicado en el New York Times del 20 de agosto de 2011 titulado “Sex Offenders: The Last Pariahs” [Delincuentes sexuales: Los últimos parias], señaló: “El riesgo de que un niño sea asesinado por un depredador sexual desconocido es comparable al de morir fulminado por un rayo”. Lancaster también señala que “la mayoría de los perpetradores de abusos sexuales son miembros de la familia, parientes cercanos, amigos o conocidos de la familia de la víctima”.
Las cacerías de brujas antisexo han sido usadas para deshacerse de elementos básicos que los estadounidenses habían aprendido a considerar inherentes a la democracia, así como la “guerra contra el terrorismo” ha destripado toda una gama de derechos constitucionales. Como puede verse en el caso Friedman, lo primero que se pierde es la privacidad, seguida de la presunción de inocencia, cuando los acusados son satanizados. Luego se marca a los convictos de por vida. Hoy, cerca de 750 mil personas están en el registro de Internet que instituyó la “Ley Megan” de la era Clinton, promulgada tras el brutal asesinato de la pequeña Megan Kanka de siete años en un ataque sexual en 1994.
Al salir de la cárcel, Jesse Friedman —quien para empezar no había hecho nada— fue clasificado como “depredador sexual violento nivel III”, es decir, como alguien en alto riesgo de reincidir y como una amenaza a la seguridad pública. Como tal, tuvo que abandonar su casa tres veces. Con respecto a las restricciones de residencia, que le prohíben la proximidad con niños, escribió en su página web: “Si miras un mapa, te darás cuenta de que eso significa prácticamente cualquier parte. En algunos estados y ciudades se me prohibiría estar en cualquier lugar ‘donde se sabe que los niños se congregan’, incluyendo bibliotecas, museos, acuarios, playas e incluso eventos deportivos públicos”. “La Ley Megan”, escribió, “es el exilio social”.
Otros miles han sido convertidos en parias de manera similar. En Southampton, un destino vacacional para las celebridades neoyorquinas y los tiburones de Wall Street, unos 40 hombres convictos de diversos delitos sexuales se ven obligados a vivir en dos tráilers alejados de los centros habitados. Sólo uno de los tráilers tiene regadera y los que viven en el otro tienen que tomar el autobús dos veces por semana para ducharse.
La novela agudamente realista de Russell Banks, Lost Memory of Skin (La memoria perdida de la piel, HarperCollins, 2011), explora el horrendo mundo de los nuevos parias. El héroe es un joven tímido e ingenuo al que se le llama “el Chico”, cuyo fiel compañero y único amigo es su iguana Iggy. El Chico va a conocer a “brandi18”, con quien había tratado sólo por Internet, sólo para encontrarse con que en casa de ella lo esperan el padre de Brandi y cinco policías. Tras ser arrestado y condenado, se halla a sí mismo sin hogar, viviendo bajo un puente junto a otros “delincuentes sexuales”, pepenando comida de los basureros. En nombre de políticos que buscan un encabezado de prensa, la policía allana incluso ese lugar diminuto, sucio y semioculto, con resultados trágicos. A estos hombres del puente se les obliga implacablemente a recargar constantemente sus tobilleras de monitoreo:
“Toma media hora cargar completamente la batería del monitor, y durante esa media hora el Chico se siente íntimamente conectado a los demás millones de delincuentes sexuales, jóvenes, viejos y de otras edades...todos los cuales han conectado sus tobilleras electrónicas a contactos y están sentados en alcobas, salas y sótanos de casas, apartamentos y remolques, en estacionamientos, refugios de indigentes, parques públicos, aeropuertos, estaciones de tren, salas de espera, oficinas, en las trastiendas de restaurantes de comida rápida, bajo pasos a desnivel y puentes peatonales —como si todos ellos fueran hojas temblorosas en las ramas grandes y pequeñas de un vasto árbol eléctrico cuya sombra cubriera todo el país—”.
...y tiren la llave
Las diversas leyes estatales y federales de “confinamiento civil” que se han aprobado desde 1990 son una burla de la noción de “cumplir tu sentencia” y de la pretendida rehabilitación. Por ejemplo, la “Ley Adam Walsh de Protección y Seguridad de los Niños” de 2006 posibilita la detención indefinida de cualquier prisionero federal —incluso si nunca ha sido convicto de ningún delito sexual— que haya cumplido su sentencia pero sea considerado mentalmente “anormal” y se crea probable que cometa algún delito sexual en el futuro.
En el artículo “When the Feds Decide Who’s Sexually Dangerous” [Cuando los federales deciden quién es sexualmente peligroso], publicado en The Atlantic (20 de mayo de 2010), Wendy Kaminer señala: “Quienes confían en la burocracia federal y creen que los funcionarios usarán su poder adecuadamente, con imparcialidad y buena fe, pueden sentirse protegidos por él; a los demás debe preocuparles que el gobierno pueda detener ciudadanos indefinidamente, sin juicios con jurado, basándose en especulaciones sobre su futura peligrosidad”. Díganselo a los prisioneros de Guantánamo.
Bajo algunas leyes estatales, los sometidos a confinamiento civil pueden tener derecho a un proceso ante un juez, pero no a un juicio con la posibilidad de preparar una defensa. La mayoría no recibe “tratamiento” y prácticamente nadie obtiene algo de él. ¡Incluso se dio el caso de un hombre de Wisconsin de 102 años que no pudo someterse a tratamiento por fallas en la memoria y problemas de oído!
Hasta 2007, dos mil 700 hombres estaban recluidos en centros de confinamiento civil. Para escapar de las garras de estas instituciones penales/“terapéuticas” en las que se encuentran sepultados, algunos prisioneros incluso solicitan ser castrados, como lo relata el artículo “The Science of Sex Abuse” [La ciencia del abuso sexual] de Rachel Aviv (The New Yorker, 14 de enero de 2013). La primera persona detenida bajo la Ley Adam Walsh, Graydon Comstock, cuestionó la legislación en un caso ante la Suprema Corte en 2010. Aviv observa: “Para cuando el caso fue atendido, cuatro años después de que la sentencia criminal de Comstock expirara, él tenía ya 67 años y padecía del corazón, de diabetes e incontinencia. Ya dos veces había solicitado ser castrado, creyendo que la operación ayudaría en su caso, pero se le dijo que no estaba médicamente justificada”. En años recientes, la Suprema Corte ha refrendado diversos estatutos del confinamiento civil.
El poderoso análisis de Aviv de los horrores del confinamiento civil gira en torno al caso real de un soldado solitario llamado John, que se hizo amigo en un chat room de “Indy-Girl”. Sí, era un policía encubierto. El soldado, invitado a un tentador picnic al aire libre, rápidamente fue capturado por la Unidad Militar de Investigaciones y el FBI. John fue sentenciado a 53 meses en una prisión federal por poseer pornografía infantil y por “usar Internet para inducir a un menor a tener sexo”. Pero entonces fue cuando empezaron sus verdaderos problemas.
Tras salir en libertad condicional, John recayó y volvió a mirar pornografía con menores, por lo que rápidamente fue sentenciado a otros dos años en prisión. Seguía preso cuando el Congreso aprobó la Ley Adam Walsh, por lo que se le transfirió a una prisión médica de Massachusetts y, sin audiencia legal, se determinó que era de “alto riesgo”. Así pasaron cuatro años. En 2011 comenzó su audiencia de confinamiento civil. Al año siguiente, un juez dictaminó que John era demasiado peligroso para ser liberado y lo condenó a un “confinamiento terapéutico” indefinido en el sistema carcelario federal. Desde entonces sigue en ese limbo, donde una “terapia” diaria lo alienta a declarar cada vez más historias fantasiosas para ganarse la aprobación de los siquiatras, historias que sólo contribuyen a incriminarlo. Vivir en una tienda de campaña bajo un puente parece un destino preferible.
Nuevas brujas, nuevos inquisidores
En Estados Unidos, con su vena profundamente puritana y su insidioso racismo, la combinación de sexo y raza siempre ha sido usada como medio de control social. El mito del hombre negro depredador acosando a mujeres y niños blancos se conjuró para mantener aterrorizada a la población negra cuando la ley linchadora imperaba en el Sur de Jim Crow. Con frecuencia se ha recurrido a leyes antisexo para poner a hombres negros tras las rejas, incluyendo a celebridades como el boxeador Jack Johnson en 1912 y a Michael Jackson en 1994 y de nuevo diez años después.
Las cruzadas antisexo fueron una de las armas que se usaron para revertir las conquistas de las luchas por los derechos civiles y para apagar el descontento social de los años sesenta y principios de los setenta, especialmente el provocado por la Guerra de Vietnam. Tras tomar posesión en 1977, el gobierno demócrata de Jimmy Carter desató un asalto de reacción social interna mientras llevaba a la Casa Blanca el fundamentalismo religioso de los “renacidos”. Bajo el lema de los “derechos humanos” lanzó también la Segunda Guerra Fría del imperialismo estadounidense con el objetivo de destruir a la Unión Soviética.
La siguiente década presenció una de las cacerías de brujas más terribles y peculiares de la historia estadounidense: la histeria respecto al “abuso satánico” en las guarderías, que le arruinó la vida a cientos de hombres, mujeres y niños. El auge de esta cacería de brujas, que se extendió hasta principios de los años noventa, coincidió con la reacción reaganista —la cual, entre otras cosas, intentó enviar a las mujeres de vuelta a los hogares—. Se recortaron los fondos para el bienestar social y otros programas sociales, como las guarderías y preescolares para madres trabajadoras, provocando enormes dificultades y daños a las mujeres y los niños. El pánico del “abuso satánico” sirvió para encubrir un abuso real por parte del gobierno.
En el juicio más largo de la historia estadounidense, que se extendió de 1986 a 1990, el caso de la escuela preescolar McMartin, los niños testigos contaron historias de sacrificios animales, orgías, pasadizos secretos, mutilación de cadáveres y otras ficciones. El caso comenzó en 1983, y para el año siguiente el gran jurado había reunido 354 declaraciones que implicaban hasta 369 supuestas víctimas, mientras la policía anunciaba una enorme conspiración criminal. Más de 70 personas fueron condenadas injustamente. Mientras tanto, decenas de otros casos de “satanismo” barrieron el país, desde el condado de Kern en California, hasta Fells Acres en Massachusetts y la guardería Little Rascals de Carolina del Norte. En estos casos no se encontró evidencia alguna. Los acusados eran completamente inocentes, como señalamos entonces (a diferencia de prácticamente todo el resto de la izquierda) al defender a los trabajadores de las guarderías. Los Friedman fueron arrestados en medio de esa cacería de brujas.
Los liberales y feministas burgueses ayudaron a impulsar esa locura. Aunque se presentan como protectores de las mujeres y los niños, su remedio es pedirle al estado leyes más numerosas y más duras, así como más vigilancia policiaca. La versión más extrema de esa misma política fue el libro de 1975 de Susan Brownmiller, Against Our Will [Contra nuestra voluntad], famoso por su aseveración de que la violación es la principal forma en que todos los hombres controlan a todas las mujeres. Su propuesta: más mujeres policías.
En los años setenta y ochenta, los florecientes escuadrones de dios, dirigidos por gente como el fundamentalista católico Patrick Buchanan y el líder de la Mayoría Moral Jerry Falwell, se movilizaban contra el aborto y declaraban que el sida era un castigo de dios a los gays. Mientras los fanáticos de derecha sitiaban las clínicas de aborto, los feministas apuntaban contra la pornografía y un imaginario abuso satánico. Al impulsar este programa antisexo, los “progresistas” entablaron una alianza temporal con los evangélicos.
El estado respondió gustoso. En 1974, el demócrata Walter Mondale promovió la Ley de Prevención y Tratamiento del Abuso Infantil, que obligaba a los terapeutas, maestros y trabajadores sociales a informar a la policía de cualquier indicación de abuso. Así, se suponía que cientos de miles de educadores y trabajadores sociales actuarían como auxiliares de la maquinaria de represión del estado capitalista. En los años ochenta, el procurador general de Reagan, Edwin Meese, lanzó una gran campaña contra la pornografía, con bastante ayuda de sus aliados liberales. Con Internet, las cosas no hicieron sino empeorar. En los últimos quince años, las sentencias federales por posesión de pornografía infantil han aumentado en extensión más de 500 por ciento y pueden ameritar hasta cadena perpetua, la sentencia que suele darse al homicidio en primer grado.
Entre las feministas más prominentes que impulsaban las reaccionarias campañas antiporno estaba la fundadora de la revista Ms., Gloria Steinem, quien empezó su carrera como informante de la CIA. La despreciable Steinem también se subió con furor al tren del ritual satánico y la memoria reprimida. A mediados de los ochenta financió una excavación que los padres de familia de la escuela preescolar McMartin realizaron en busca de los (inexistentes) túneles y calabozos de los que habían hablado sus hijos bajo coerción. En 1993, Ms. salió con el encabezado: “El abuso ritual de las sectas existe —¡Créanlo!”.
En 1995, Steinem narró el documental de HBO The Search for Deadly Memories. Los apócrifos “recuerdos recuperados” de abuso cumplieron una función perniciosa en numerosos casos. Estos “recuerdos reprimidos”, como los llaman los trabajadores sociales fraudulentos, son la versión secular liberal de la histeria religiosa. Como materialistas convencidos, no nos lo creímos. Como señalamos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”, las técnicas que supuestamente revelan traumas reprimidos han demostrado ser excelentes para inducir recuerdos falsos, especialmente en niños pequeños y susceptibles. En ocasiones, es la policía quien implanta los supuestos recuerdos en el curso de los interrogatorios, como ocurrió en el caso Friedman. Los traumas verdaderos realmente trauman a la gente, que tiende a recordarlos.
El sexo, el matrimonio y la familia
¿Cómo es que la expansión de la tolerancia (salvo en reaccionarios endurecidos y fanáticos religiosos) respecto al matrimonio gay puede coexistir con una implacable cacería de brujas antisexo? Esto se debe a que el matrimonio, un contrato legal, es uno de los principales sostenes sociales del estado burgués. En una presentación el pasado mayo, David Thorstad, quien en 1978 estuvo entre los fundadores de la North American Man/Boy Love Association (NAMBLA), señaló la desbandada del movimiento radical gay:
“El anterior desafío a la heterosupremacía, dirigido a liberar la sexualidad reprimida de todos, ha sido remplazado por un enfoque conservador y convencional por la aceptación de la sociedad capitalista heterosupremacista. Donde esto es más obvio es en la búsqueda del matrimonio y la participación abierta en instituciones opresivas como el ejército, así como los llamados a fortalecer las fuerzas represivas del estado mediante las leyes contra los llamados crímenes de odio”.
Así, en la búsqueda de la respetabilidad burguesa, las marchas del orgullo gay acogen contingentes de policías gays, cuyo trabajo incluye el arresto de “delincuentes sexuales”. Mientras tanto, los organizadores de las marchas vetan a organizaciones como NAMBLA, que llama por la despenalización de las relaciones consensuales entre hombres adultos y menores de edad.
A diferencia de los feministas, el establishment gay y, asquerosamente, la mayor parte de la izquierda “socialista”, nosotros siempre hemos defendido a NAMBLA y a sus miembros tanto de la represión estatal como de la victimización por parte de los patrones. Se trata de algo más que una cuestión de “libertad de expresión”. Muchísimos jóvenes, torturados y confundidos por sus propios sentimientos, en conflicto con la severidad represiva de esta sociedad, encontrarían reconfortante hablar de estas cosas con personas más experimentadas, como lo han hecho generaciones anteriores. En esta época, sin embargo, tener cualquier tipo de intimidad intergeneracional es jugar con fuego.
En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [Juventud, sexualidad y la izquierda], Sherry Wolf de la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se sumó al linchamiento de Thorstad acusándolo de ser “el más constante y sonoro defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Conservando la premisa reaccionaria de las leyes de la edad de consentimiento, Wolf cita su libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation [Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT]: “Es incongruente que un niño dé verdadero consentimiento, libre de la desigualdad de poder, a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, los adultos y los niños no se enfrentan como iguales en lo emocional, lo físico, lo social o lo económico. Los niños y los adolescentes más jóvenes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder necesarios para tomar decisiones verdaderamente libres en sus relaciones con los adultos. Sin ello, no puede haber verdadero consentimiento”.
No importa que la mayoría de las relaciones entre adultos no cumpla con este criterio de consentimiento. En cuanto a la afirmación de Wolf de que “los adolescentes maduran a distintas edades”, ¿quién debe determinar la edad adecuada para la actividad sexual en una especie en la que esta edad ha estado, durante el 99 por ciento de su existencia, muy por debajo de la supuesta “edad de consentimiento” de la actualidad? Bajo el inhumano status quo capitalista, se asume que es el estado. Para los comunistas, es el ABC el oponernos a la intervención del gobierno en la vida privada de la gente y defender a cualquier grupo que luche por aumentar la libertad en las relaciones sexuales. Esto es una expresión del ideal de la vanguardia leninista como tribuno del pueblo. La ISO y cía. bailan a un son diferente, acomodándose a los valores burgueses y a la cacería de brujas contra aquéllos cuyas proclividades sexuales se consideran verboten [prohibido, en alemán en el original].
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884), Friedrich Engels rastreó el surgimiento simultáneo de la familia y el estado como medios que la clase propietaria usó para consolidar y reproducir su poder cuando emergió de la sociedad humana primitiva. La monogamia de la esposa era necesaria para asegurar la paternidad para la transmisión hereditaria de la propiedad. Actualmente, la familia sigue siendo la principal fuente de opresión de la mujer. A los niños, la familia debe imbuirles la sumisión y el respeto por la autoridad, lo que frecuentemente engendra frustración y violencia. Como escribimos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”: “Las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos, como la nuestra, claramente no encajan con la rígida monogamia heterosexual que constituye el fundamento ideológico de la institución de la familia, reforzada por la religión organizada”.
La mayor parte del terrible daño que se inflige a los jóvenes y las mujeres tiene lugar en el seno de la familia. Sin embargo, en esta sociedad capitalista, la familia suele ser lo único que le queda a uno. Son escasos los servicios alternativos que la sociedad provee para criar a los hijos o cuidar a los enfermos y a los ancianos.
El fanatismo antisexo y la perversa persecución estatal persistirán mientras imperen la propiedad privada y la producción por ganancias. El estado capitalista no puede ser reformado para que sirva a los intereses de los explotados y los oprimidos. Debe ser barrido y sobre sus ruinas debe erigirse un estado obrero basado en la expropiación de los medios de producción. Para erradicar la opresión de la mujer y de los homosexuales, se requiere construir una sociedad socialista donde las funciones de la familia sean colectivizadas —guarderías y cocinas comunales, atención médica gratuita y de calidad, etcétera— liberando a la mujer de la carga de la crianza de los niños y de la esclavitud doméstica. En cuanto a lo que una sociedad racional conservaría de las relaciones sexuales, y de las relaciones sociales en general, los marxistas compartimos la amplitud de la visión que expresó el fallecido Gore Vidal (a quien tanto echamos de menos) en su artículo “Pink Triangle and Yellow Star” (Triángulo rosa y estrella amarilla, The Nation, 14 de noviembre de 1981):
“Cualquiera que sea el arreglo al que llegue la sociedad del futuro, debe reconocerse que los niños que lo necesiten serán criados con bastante más cuidado que hoy, y que a los adultos que no deseen ser padres ni madres debe dejárseles en paz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/40/delincuentes.html
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2016.06.04 13:59 ShaunaDorothy Sobre la política trotskista en la Segunda Guerra Mundial - Neomorenistas del PTS reviven la “Política Militar Proletaria” (Junio de 2012)

https://archive.is/cG8u0
Espartaco No. 35 Junio de 2012
La “Política Militar Proletaria” (PMP), propuesta originalmente por Trotsky en los últimos meses de su vida, era una serie de demandas centradas en la consigna por el “control sindical del entrenamiento militar”. Esta política, que despertó en aquel entonces controversia significativa entre quienes se reclamaban trotskistas, desempeñó un papel importante en desorientar a las pequeñas y a menudo aisladas secciones de la IV Internacional en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. La PMP no ha sido operativa desde alrededor de 1943, cuando quedó claro que los imperialistas aliados ganarían la guerra contra las potencias del Eje. Sin embargo, los neomorenistas del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) argentino la revivieron con la publicación de la antología Guerra y revolución: Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial (Buenos Aires: Ediciones CEIP “León Trotsky”, 2004), en cuya introducción presentan su propia defensa de la PMP. Nuestros lectores podrán encontrar un análisis altamente crítico de la PMP y considerablemente más extenso que el presente artículo en Prometheus Research Series No. 2, “Documents on the ‘Proletarian Military Policy’” (Documentos sobre la “Política Militar Proletaria”, 1989), que incluye una introducción elaborada por el Comité Ejecutivo Internacional de la LCI (entonces tendencia espartaquista internacional), así como documentos contemporáneos[1] y otros análisis críticos retrospectivos espartaquistas.
Debe ser algo distinto al profundo respeto por los anales del marxismo revolucionario lo que impulsa a los empedernidos oportunistas del PTS a revivir la PMP, una política que representó conciliación a la propaganda bélica de los imperialistas aliados y que se apartó del entendimiento leninista elemental del estado burgués como un aparato para la represión sistemática contra los obreros y oprimidos que no puede ser reformado, sino que debe ser destruido mediante la revolución proletaria y remplazado por un estado obrero.
Las implicaciones reformistas y socialpatriotas de la PMP no son, por supuesto, un problema para el PTS y sus compinches internacionales (la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional, cuya sección mexicana es la Liga de Trabajadores por el Socialismo, LTS), quienes exigen cotidianamente la “disolución de los cuerpos represivos” del estado, es decir, una petición al estado burgués a que se disuelva a sí mismo. De manera nada sorprendente, recientemente encontraron cauce para su adopción de la PMP en el contexto de la ola chovinista que azotó Argentina ante el XXX aniversario de la Guerra de las Malvinas/Falklands —una guerra reaccionaria por ambos bandos—, al exigir retrospectivamente que las organizaciones obreras impusieran la conscripción universal para ir a luchar, al mando del gorila Galtieri, por las escuálidas islas (ver artículo en p. 16). Precisamente por ser un vehículo que les permite dar rienda suelta a su acomodación a su “propia” burguesía, el PTS ve en la PMP “una teoría acabada de la revolución” cuya “perspectiva estratégica”, “programa” y “consignas” “eran mucho más maduras, e incluso superiores, a las de Lenin y los bolcheviques”.
“La guerra y la Cuarta Internacional”
En junio de 1934 Trotsky escribió “La guerra y la Cuarta Internacional”, un manifiesto sobre la inminente conflagración imperialista que desenmascaraba tajantemente las pretensiones “antifascistas” y “democráticas” de los imperialistas aliados con base en el derrotismo de Lenin. Salvo en lo referente a la defensa de la Unión Soviética, el proletariado no tenía interés en la guerra venidera, en la cual millones habrían de morir para que una u otra banda imperialista asegurara sus ganancias exorbitantes basadas en la explotación colonial. Extendiendo la política derrotista revolucionaria que guió a los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial y que empapa los documentos de los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista, Trotsky escribió:
“58. Cuando se trata de un conflicto entre países capitalistas, el proletariado de cualquiera de ellos se niega categóricamente a sacrificar sus intereses históricos, que en última instancia coinciden con los intereses de la nación y de la humanidad, en beneficio del triunfo militar de la burguesía. La fórmula de Lenin ‘La derrota es el mal menor’ no significa que lo sea la derrota del propio país respecto a la del país enemigo, sino que la derrota militar resultante del avance del movimiento revolucionario es infinitamente más beneficiosa para el proletariado y todo el pueblo que el triunfo militar garantizado por ‘la paz civil’. Karl Liebknecht planteó un lema hasta ahora no superado para la política proletaria en épocas de guerra: ‘El principal enemigo del pueblo está en su propio país’. La revolución proletaria triunfante superará los males provocados por la derrota y creará la garantía final contra futuras guerras y derrotas. Esta actitud dialéctica hacia la guerra constituye el elemento más importante de la educación revolucionaria y por lo tanto también de la lucha contra la guerra.
“59. La transformación de la guerra imperialista en guerra civil es el objetivo estratégico general al que se debe subordinar toda la política de un partido proletario”.
Ésta es la posición fundamental que los revolucionarios sostenemos en el caso de guerras reaccionarias.
Enfrentados en cuanto a la redivisión del mercado mundial, los imperialistas, tanto “democráticos” como fascistas, tenían, sin embargo, un objetivo clave en común: la destrucción de la URSS, el primer estado obrero del mundo, lo cual habría tenido consecuencias funestas para el proletariado mundial. En la víspera de la segunda guerra interimperialista, Trotsky temía que una catástrofe se aproximaba a la Unión Soviética, especialmente a la luz de los efectos desastrosos, evidentes en la secuela del pacto Hitler-Stalin, de la decapitación del Ejército Rojo perpetrada por Stalin en las purgas de los años 30. Correspondientemente, Trotsky añadió una sola cosa —ciertamente fundamental— al programa revolucionario elaborado durante la Primera Guerra Mundial: el deber del proletariado mundial de defender militarmente las conquistas de la Revolución de Octubre a pesar de la usurpación del poder político por parte de la casta burocrática encabezada por Stalin:
“8. ...Defender a la Unión Soviética de los ataques de los enemigos capitalistas, más allá de las circunstancias y causas inmediatas del conflicto, es obligación elemental de toda organización obrera honesta”.
El origen de la PMP
Sin embargo, en mayo de 1940, conforme los ejércitos de Hitler avanzaban por Bélgica y Holanda hacia París, Trotsky redactó un nuevo manifiesto sobre la guerra, el “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, que fue adoptado por una conferencia de emergencia de la IV Internacional en Nueva York. En un pasaje cerca del final del manifiesto aparece por primera vez un nuevo elemento en el programa de la IV Internacional sobre la guerra imperialista:
“La militarización de las masas se intensifica día a día. Rechazamos la grotesca pretensión de evitar esta militarización con huecas protestas pacifistas. En la próxima etapa todos los grandes problemas se decidirán con las armas en la mano. Los obreros no deben tener miedo de las armas; por el contrario, tienen que aprender a usarlas. Los revolucionarios no se alejan del pueblo ni en la guerra ni en la paz. Un bolchevique trata no sólo de convertirse en el mejor sindicalista sino también en el mejor soldado.
“No queremos permitirle a la burguesía que lleve a los soldados sin entrenamiento o semientrenados a morir en el campo de batalla. Exigimos que el estado ofrezca inmediatamente a los obreros y a los desocupados la posibilidad de aprender a manejar el rifle, la granada de mano, el fusil, el cañón, el aeroplano, el submarino y los demás instrumentos de guerra. Hacen falta escuelas militares especiales estrechamente relacionadas con los sindicatos para que los obreros puedan transformarse en especialistas calificados en el arte militar, capaces de ocupar puestos de comandante”.
Estas oraciones son la primera expresión de lo que pasaría a conocerse como la “Política Militar Proletaria”. En septiembre, un mes después del asesinato de Trotsky a manos de un esbirro estalinista, el Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista), sección estadounidense de la IV Internacional, adoptó formalmente una resolución sobre la nueva política militar en una conferencia en Chicago:
“Luchamos contra el envío de obreros-soldados a la batalla sin entrenamiento y equipo apropiados. Nos oponemos a la dirección militar de los obreros-soldados por parte de oficiales burgueses que no tienen consideración alguna por su trato, su protección y sus vidas. Exigimos fondos federales para el entrenamiento militar de obreros y obreros-oficiales bajo el control de los sindicatos. ¿Expropiaciones militares? Sí, ¡pero sólo para el establecimiento y equipamiento de campos de entrenamiento obreros! ¿Entrenamiento militar obligatorio de los obreros? Sí, ¡pero sólo bajo el control de los sindicatos!”
El llamado del SWP equivale a alguna forma de “control obrero” del ejército burgués, lo cual es descaradamente utópico: el estado burgués no va a ceder el control del entrenamiento militar, ni ningún aspecto del ejército burgués, mediante la legislación. Como señaló en 1941 un miembro de la IV Internacional en Europa (ver PRS No. 2), el “control sindical de la defensa nacional” bajo el régimen burgués sólo puede instituirse en un sentido fascista o corporativista; de hecho, es muy significativo que la única federación sindical que adoptó el programa de la PMP durante la guerra fue nada menos que la CTM mexicana.
Trotsky y el SWP se equivocaron al tratar de plantear un conjunto de demandas positivas para la segunda guerra imperialista mundial en la ausencia de una situación revolucionaria. Llamar por el poder estatal proletario en medio de una situación potencialmente revolucionaria para emprender la defensa contra Hitler no es lo mismo que llamar por el “control sindical del entrenamiento militar” cuando es el estado burgués el que le hace la guerra a Hitler. Como regla general, los revolucionarios preferimos emplear demandas negativas respecto al estado burgués, pues éstas son el vehículo más poderoso para movilizar a las masas contra la burguesía. Como muestra el ejemplo del PTS, las demandas positivas a las instituciones centrales del estado capitalista —el ejército, la policía y los tribunales— fácilmente pueden ser utilizadas en el sentido reformista de presentar al aparato estatal burgués como si fuera de alguna manera neutral respecto a las clases.
El propósito de ser “el mejor soldado” en un ejército burgués, la demanda por mejor entrenamiento y equipo, la absurda exigencia por el “control sindical del entrenamiento militar”, todo ello está contrapuesto al entendimiento de la Segunda Guerra Mundial como una guerra interimperialista reaccionaria en la cual el proletariado no tenía lado —excepto en defensa de la URSS—. No muy oculta en la PMP estaba la proposición de que el proletariado del mundo (fuera de Alemania) tenía un enemigo mayor que su propia burguesía, a saber, el fascismo alemán. De hecho, la nueva política militar sólo era aplicable en la Gran Bretaña, Estados Unidos y sus aliados subordinados (Australia, Canadá), por lo cual había una tendencia anglo-estadounidense tácita en la abstracción de “la burguesía” en las formulaciones de la PMP: el manifiesto de mayo de 1940 no estaba exigiendo precisamente que el estado dirigido por Hitler estableciera escuelas para el entrenamiento militar de los obreros bajo control sindical. El núcleo de la PMP era el apoyo a una guerra contra el fascismo sin dejar claro a qué clase social pertenecía el estado que libraba la guerra. Debido a la popularidad de una “guerra democrática contra el fascismo”, el efecto real de la PMP habría sido simplemente hacer más eficiente la guerra del estado burgués y democratizar su dirección.
En gran medida, la PMP se basó en una prognosis exagerada del grado al cual el proletariado lucharía contra la guerra al principio de ésta. Trotsky pensó que la necesidad bélica eliminaría rápidamente la máscara “antifascista” y “democrática” de los imperialistas anglo-estadounidenses. Esperaba que las burguesías de ambos países se verían forzadas a imponer alguna variante de dictadura bonapartista en respuesta al creciente descontento, lo cual conduciría a la lucha social y quizá a situaciones de poder dual. Además, Trotsky pensaba que, ante la lucha social interna, los imperialistas anglo-estadounidenses seguirían el ejemplo de sus aliados franceses y se volverían “derrotistas”, viendo en Hitler al mal menor. Con base en este pronóstico, Trotsky combinó incorrectamente la “lucha contra el fascismo” en la guerra con la tarea proletaria de la toma del poder.
El PTS sobre la SGM: ¿“Democracia contra fascismo” después de todo?
Aunque el PTS niega formalmente que la Segunda Guerra Mundial haya sido una genuina “guerra contra el fascismo”, todos sus argumentos en defensa de la PMP introducen, en el mejor de los casos, agnosticismo respecto al carácter reaccionario del conflicto. Así, para justificar la insuficiencia del derrotismo revolucionario de Lenin y la necesidad de una nueva política, el PTS argumenta que la Segunda Guerra Mundial representó un “salto” respecto a la primera que hacía imposible “repeticiones mecánicas de las viejas fórmulas de los revolucionarios durante la Primera Guerra”. El “salto”, por supuesto, era el fascismo, y el propósito de todo esto es justificar la noción de que se podía luchar contra él mediante el esfuerzo bélico aliado: “Que la guerra que se avecinaba era de carácter interimperialista no implicaba para los trotskistas subestimar al fascismo y la necesidad del movimiento obrero de entablar una lucha encarnizada contra él desde sus inicios, ya que sería el principal perjudicado”.
La lucha obrera contra el fascismo podía librarse solamente de manera independiente de las burguesías “democráticas”, una perspectiva por la que los trotskistas habían luchado, efectivamente, desde los inicios del fascismo. De hecho, el que la pasividad criminal del Partido Comunista Alemán ante el ascenso de los nazis de Hitler no causara ni la más mínima revuelta dentro de la III Internacional hizo que Trotsky declarara que la Comintern estaba muerta para la causa de la revolución proletaria y llamara a construir nuevos partidos comunistas que sostuvieran la bandera del leninismo. La IV Internacional, fundada en 1938 en la víspera de la guerra inminente, encarnó esta continuidad leninista.
Pero el objetivo de la PMP de actuar como “los mejores soldados” de los ejércitos aliados en la Segunda Guerra Mundial no tenía nada que ver con la lucha obrera contra el fascismo. Como Trotsky mismo había señalado en “La guerra y la Cuarta Internacional”:
“18. La impostura de la defensa nacional siempre trata de ocultarse tras la impostura de la defensa de la democracia. Si incluso ahora, en la época del imperialismo, los marxistas no identifican democracia con fascismo y están dispuestos en todo momento a rechazar los ataques del fascismo a la democracia, ¿no debería el proletariado, si se declara la guerra, apoyar a los gobiernos democráticos contra los fascistas?
“¡Flagrante sofisma! Defendemos a la democracia contra el fascismo por medio de las organizaciones y métodos del proletariado... Y si nos oponemos de manera irreconciliable a los gobiernos más ‘democráticos’ en épocas de paz, ¿cómo podemos asumir la más mínima responsabilidad por ellos durante la guerra, cuando todas las infamias y crímenes del capitalismo se llevan a cabo de la manera más brutal y sangrienta?
“19. Una guerra moderna entre las grandes potencias no será una lucha entre la democracia y el fascismo sino un conflicto entre dos sectores imperialistas por un nuevo reparto del mundo”.
El vínculo que la PMP hizo de la “defensa de la democracia” y el “antifascismo” con el esfuerzo bélico de los imperialistas anglo-estadounidenses representó una capitulación a la falsa conciencia y le cedió terreno a la propaganda bélica de los imperialistas aliados. El deber de los revolucionarios era el opuesto: exponer las pretensiones antifascistas de las clases gobernantes aliadas.
El proletariado tenía toda razón para temer y odiar la bota nazi. Pero habría sido mucho mejor que la lucha proletaria y los levantamientos coloniales paralizaran el esfuerzo bélico anglo-estadounidense, quizá conduciendo a victorias alemanas transitorias, ¡a que el proletariado apoyara implícitamente a los ejércitos aliados mediante la exigencia de soldados mejor entrenados y equipados!
Abjurando el derrotismo revolucionario
Reconociendo que el derrotismo revolucionario es un obstáculo a la adopción de la PMP —aunque sin decirlo jamás abiertamente—, el PTS centra una buena parte de sus argumentos en minimizar y oscurecer el significado de esta política leninista clave. Así, presenta el derrotismo como alguna oscura polémica interna que trataba simplemente de “reagrupar a la vanguardia y a los elementos más avanzados de la socialdemocracia, y no de formular una política activa hacia el movimiento obrero”. Hace suya la posición de un tal Jean-Paul Joubert, quien argumenta nada menos que “la fórmula” del derrotismo “no se encuentra...en el proyecto de resolución y de manifiesto de la ‘Izquierda de Zimmerwald’”, ni tampoco fue utilizada “durante los seis años siguientes a la revolución de octubre, en ningún texto importante de Lenin o de la Internacional Comunista”. “Por el contrario”, concluye Joubert, “Lenin martilla sin cesar en la ‘transformación de la guerra imperialista en guerra civil’”[2].
Todo esto va más allá del confusionismo. La lucha de Lenin por la III Internacional, incluyendo entre la izquierda de Zimmerwald, se libró sobre la base del derrotismo revolucionario y sobre el cadáver de la II Internacional socialpatriota; el derrotismo guió toda “política activa” de los bolcheviques tanto como el servilismo a los esfuerzos bélicos de sus respectivas burguesías guió la actividad de los socialpatriotas en la II Internacional. El derrotismo no es una mera consigna, sino una posición fundamental del marxismo revolucionario respecto a guerras reaccionarias. Como explicamos en PRS No. 2, el derrotismo representa precisamente el deseo, desde una perspectiva internacional estratégica, de transformar la guerra imperialista en guerra civil:
“El uso del término ‘derrotismo’ se basa en el reconocimiento de que: (1) una cadena de derrotas militares para un gobierno imperialista ayuda al surgimiento de lucha social interna, y (2) cualquier lucha social significativa en tiempo de guerra inevitablemente ‘ayuda’ a la potencia enemiga. El proletariado no restringirá la lucha de clases por temor a facilitar la victoria del ‘campo imperialista enemigo’”.
Hay varias consignas apropiadas para expresar el significado del derrotismo bajo distintas circunstancias, prominentemente la consigna de Liebknecht de “el principal enemigo está en casa” o, por ejemplo en el caso de la India colonial, simplemente “¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo la guerra imperialista!”, consignas levantadas por el Bolshevik-Leninist Party of India durante la Segunda Guerra Mundial.
En su esfuerzo por deshacerse del derrotismo y mantener alguna semblanza “izquierdista”, el PTS crea un Trotsky a su imagen y semejanza:
“Muchos sectarios de entonces habían adoptado una posición que en apariencia seguía a Lenin a pie juntillas: ésta es una guerra imperialista, por lo tanto se impone una actitud de derrotismo revolucionario. Pero Trotsky rechazaba esto como un silogismo reñido con la lógica viva y contradictoria de la guerra y su eterna antagonista: la revolución”.
¡Pero Trotsky insistió en la aplicación del derrotismo revolucionario hasta el final de sus días! La PMP fue una política equivocada basada en un pronóstico exagerado de la inminencia de revoluciones proletarias, y Trotsky no vio que estaba, a fin de cuentas, en contradicción con el derrotismo revolucionario; Trotsky no vivió para ver cómo se desarrollaba la PMP en la realidad, habiendo propuesto esta política apenas tres meses antes de su muerte. En cualquier caso, difícilmente se podría argumentar que es la confusión teórica lo que conduce a los peronistas de extrema izquierda del PTS a despotricar contra el derrotismo “sectario” y defender a la PMP 70 años después.
PMP vs. defensa de la URSS: La desvergüenza retrospectiva del PTS
Tras citar un pasaje de la resolución del SWP de 1940 que codificó la PMP, el PTS comenta ridículamente que “en consecuencia con esta política”, el SWP “destinó un destacamento de militantes a la flota mercante de Estados Unidos”. No debería hacer falta un extenso análisis para darse cuenta de que el trabajo del SWP en la marina mercante no tenía nada que ver con la “política militar proletaria”. El SWP perdió al menos a siete de sus militantes en la marina mercante, algunos de los cuales trabajaban en la peligrosa ruta de Múrmansk en la que convoyes aliados llevaban abastecimientos a la Unión Soviética. Este trabajo genuinamente excepcional fue una expresión no de la PMP, sino del defensismo soviético del SWP, algo que al PTS le conviene no reconocer.
De hecho, una de las principales preocupaciones de Trotsky, que debe de haber desempeñado un papel en la elaboración de la PMP, era el grave peligro que la guerra planteaba a la tierra de la Revolución de Octubre. Pero el PTS desaparece este aspecto del problema, por una buena razón: es una organización que nació a la vida política “independiente” a finales de los años 80 apoyando la contrarrevolución capitalista en la RDA, la URSS y toda Europa Oriental, así como hoy reniega de la defensa militar incondicional de los estados obreros deformados que aún quedan contra el imperialismo y la contrarrevolución interna: formalmente en el caso de China y Vietnam, en tanto que a duras penas balbucea una palabra sobre Corea del Norte, prefiere ignorar la existencia del estado obrero en Laos y en los hechos abandona el defensismo respecto al estado obrero cubano (ver “Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El que el PTS adopte retrospectivamente la PMP, así como su apoyo al absurdo intento de Joubert de reducir el defensismo revolucionario a una efímera exageración polémica de Lenin, está en concordancia con su apoyo a la contrarrevolución “democrática” en los estados obreros degenerado y deformados. Y aún así, el PTS tiene la desvergüenza de publicar, en su introducción a Guerra y revolución, una sección entera dedicada a “La defensa de la URSS” con luengas citas de Trotsky, cuyo contenido entero ha pisoteado en cada coyuntura histórica fundamental en continuidad antirrevolucionaria con sus predecesores morenistas de la Liga Internacional de Trabajadores (LIT) (ver, entre otros, folleto del GEM y la Fracción Trotskista del entonces POS, hoy LTS, “Del morenismo al trotskismo: La cuestión rusa a quemarropa”, 1991).
Por otro lado, debe señalarse que todo el trabajo heroico de los trotskistas durante la Segunda Guerra Mundial —incluyendo, entre otros, el trabajo marítimo del SWP y prominentemente el de la célula de los trotskistas de Brest que publicaba Arbeiter und Soldat (Obrero y Soldado) para distribuir al personal naval alemán— está en contradicción directa con la PMP. Aun así, el PTS tiene el descaro adicional de atacar al SWP por imprimir “a la propaganda sobre la PMP un sesgo un tanto ‘defensista’, aproximándose a una posición que postulaba la ‘necesidad de librar la guerra contra el fascismo hasta el final’”. Pero el SWP de Cannon sí se opuso a la Segunda Guerra Mundial. Debido a que el SWP en aquellos años era un partido genuinamente revolucionario proletario —a diferencia de los impostores seudotrotskistas del PTS—, la PMP nunca cobró vida como una demanda programática y pronto fue archivada en algún cajón, y sus implicaciones socialpatriotas nunca echaron raíz. En cambio, es el PTS quien defiende hoy la proposición de ser “el mejor soldado” en los ejércitos aliados y exige retrospectivamente la conscripción universal para ir a matar británicos en las Malvinas/Falklands.
Contorsiones circenses
El PTS se ve obligado a realizar contorsiones verdaderamente sorprendentes para tratar de establecer “antecedentes” para la PMP en las políticas trotskistas durante la Guerra Civil Española, en el Programa de Transición y, más generalmente, en casi cada referencia que Trotsky haya hecho jamás a la lucha por escindir al ejército horizontalmente en tiempos de agitación revolucionaria para ganar a las tropas al lado del proletariado. Pero esto no era nada nuevo ni tiene nada que ver con la PMP; de hecho, Engels había señalado ya desde 1895 la necesidad de escindir al ejército (ver su introducción a Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 de Marx), una política que fue, por supuesto, llevada a cabo con éxito en la Revolución Rusa de 1917. Como “La guerra y la Cuarta Internacional” explica, cuando un revolucionario se ve obligado a ir al ejército,
“sigue siendo un luchador, aprende a usar las armas, explica hasta en las trincheras el significado de clase de la guerra, nuclea a los disconformes, los organiza en células, transmite las ideas y consignas del partido, observa cuidadosamente los cambios en el estado de ánimo de las masas, el reflujo de la marea patriótica, el incremento de la indignación, y en el momento crítico llama a los soldados a colaborar con los obreros”.
¡No precisamente “el mejor soldado” en un ejército burgués!
Quizá el más deshonesto de sus intentos es el de establecer un antecedente de la PMP en Lenin. El PTS afirma que en “El programa militar de la revolución proletaria” (septiembre de 1916), “Lenin formula lo que podríamos llamar, sin temor a abusar de los términos, una ‘política militar del proletariado’”. Sería muy amable llamar a esto “abusivo”. Lenin escribió:
“En lo que se refiere a la milicia, deberíamos decir: no estamos por una milicia burguesa, estamos únicamente por una milicia proletaria. Por consiguiente, ‘ni un centavo, ni un hombre’, no sólo para el ejército regular, sino tampoco para la milicia burguesa, incluso en países como Estados Unidos, o Suiza, Noruega, etc... Podemos exigir la elección de los oficiales por el pueblo, la abolición de todos los tribunales militares, iguales derechos para los obreros extranjeros y los nacidos en el país... Además, podemos exigir, digamos, que cada cien habitantes de un país determinado tengan derecho a formar asociaciones de adiestramiento militar voluntario, con libre elección de instructores, pagados por el estado, etc. Sólo en tales condiciones podría adquirir el proletariado adiestramiento militar, para sí, y no para sus esclavizadores; y los intereses del proletariado exigen absolutamente ese adiestramiento” (énfasis en el original).
De manera totalmente explícita, Lenin no está argumentando por el entrenamiento y equipamiento de “obreros-soldados” para ir a luchar contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Este artículo es una polémica contra la consigna reformista del “desarme”[3] en el cual, al tiempo que enfatiza que la Primera Guerra Mundial es totalmente reaccionaria, señala que no todas las guerras lo son, e insiste en que el proletariado necesita su propia milicia, independiente de la burguesía, para luchar por su propia dictadura y consolidarla. La siguiente oración en el artículo, que el PTS convenientemente omite, deja claro lo anterior:
“La Revolución Rusa [de 1905] demostró que todo éxito del movimiento revolucionario, incluso un éxito parcial, como la toma de una urbe, de una ciudad fabril, o el atraerse a una parte del ejército, obliga inevitablemente al proletariado vencedor a poner en práctica precisamente ese programa” (énfasis en el original).
Como escribimos en PRS No. 2:
“En el curso de la lucha que lleva al establecimiento de un estado proletario, el llamado por el establecimiento de organizaciones obreras de autodefensa es central en el programa revolucionario. Estas organizaciones representan la forma embrionaria del ejército del estado obrero, pero sólo si son completamente independientes del estado burgués. El Programa de Transición, adoptado en la conferencia de fundación de la IV Internacional en 1938, asocia el llamado por escuelas militares obreras y entrenamiento militar con la consigna de ‘completa independencia de las organizaciones obreras del control policiaco-militar’. Pero la PMP exigía que el estado burgués financiara las escuelas militares obreras, inclinándose hacia una posición reformista sobre el carácter del estado capitalista. El llamado ridículo del SWP por el ‘control sindical de la conscripción’ fue más lejos por ese camino”.
En suma, ninguna cantidad de sofistería será suficiente para esconder la verdad que yace en la afirmación que hicimos hace ya 40 años y que aplica de manera aún más apta al PTS hoy día: “Sólo socialchovinistas que apoyen los objetivos bélicos de ‘su’ gobierno pueden levantar razonablemente la PMP” (“Proletarian Military Policy” [Política Militar Proletaria], Revolutionary Communist Youth Newsletter No. 13, agosto-septiembre de 1972, reimpreso en PRS No. 2).
Notas
  1. Entre éstos, se incluyen polémicas correctas de Max Shachtman contra la PMP de finales de 1940 y principios de 1941. Menos de un año antes, sin embargo, Shachtman había roto de manera revisionista con el marxismo mediante la repudiación completa de su metodología filosófica, el materialismo dialéctico, y la traición concreta a la Unión Soviética (con base en su “teoría” del “colectivismo burocrático” según la cual la burocracia soviética no era tal, sino una “nueva clase”), primero en la guerra contra Finlandia en 1939 y luego en la invasión alemana de 1941 (ver “La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’”, Spartacist (Edición en español) No. 30, mayo de 2000). La desviación del SWP respecto del contenido principista del leninismo mediante la PMP fue un regalo para Shachtman —entonces aún en sus inicios como revisionista—, el cual pudo explotar porque no se centraba en sus propias áreas de abandono del marxismo. Sin embargo, diez años después, bajo la presión de la Guerra de Corea, su revisionismo se volvió completo y Shachtman impulsó su propia versión, grotescamente reaccionaria, de la PMP. Regresar
  2. Joubert parece retomar al shachtmanista Hal Draper, quien en 1953-54 publicó un largo, oscuro y confusionista opúsculo titulado “The Myth of Lenin’s ‘Revolutionary Defeatism’” (El mito del “derrotismo revolucionario” de Lenin), a inicios de la primera Guerra Fría antisoviética del imperialismo estadounidense, para justificar la línea tercercampista de que, en caso de una guerra entre EE.UU. y la URSS, ¡los “socialistas” estadounidenses no debían estar por la derrota de su “propia” burguesía! Regresar
  3. De hecho, una versión ligeramente distinta, preparada por Lenin, de este mismo artículo se publicó en diciembre de 1916 como “La consigna del ‘desarme’”. Regresar
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/pmp.html
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2016.05.24 15:31 ShaunaDorothy Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista ¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria! (3 - 3) (Primavera de 2007)

https://archive.is/mnbfW
Al mismo tiempo, las medidas de los estalinistas de Beijing han perjudicado y empobrecido a sectores significativos de la clase obrera y los trabajadores del campo, ensanchado el golfo entre la China urbana y la rural, alentado una clase de empresarios capitalistas con vínculos familiares y financieros con funcionarios del PCCh, así como capitalistas chinos de ultramar, y generado un próspero estrato gerencial-profesional-tecnocrático que disfruta de un estilo de vida occidental.
Hart-Landsberg y Burkett, por un lado, y Lippit, por el otro, expresan los polos opuestos de esa contradicción. Aquéllos eligen evidencias para argumentar que todo ha empeorado para el pueblo trabajador chino. Señalan las profundas y crecientes desigualdades sociales, el crecimiento del desempleo urbano y el deterioro de la salud pública y la educación primaria. Lippit elige evidencias en el sentido opuesto. Señala que la gran mayoría de la población trabajadora —tanto urbana como rural— ha experimentado un ascenso en el nivel de vida, si bien en una tasa bastante desigual. Cita estudios que demuestran que cientos de millones de campesinos han salido de la pobreza en las últimas décadas.
Ni en “China y el socialismo” ni en su respuesta a Lippit, citan Hart-Landsberg y Burkett las estadísticas fácilmente accesibles que indican la medida básica de las cambiantes condiciones económicas de la clase obrera. Entre 1979 y 1998 hubo un aumento en el poder adquisitivo de los obreros manufactureros del cuatro por ciento anual en promedio. Sólo en 1988 y 1989 hubo un descenso debido a la explosivamente alta tasa de inflación de entonces. Entre 1999 y 2002 (según el Anuario estadístico laboral de China de 2003) los salarios crecieron en promedio casi doce por ciento cada año. En los últimos años, los grandes centros industriales como Shenzhen y Shanghai han empezado a experimentar escasez de mano de obra, especialmente de obreros calificados. En consecuencia, los patrones están ofreciendo salarios más altos y mejores prestaciones para atraer trabajadores. Hong Liang, economista de una firma de Wall Street, Goldman Sachs, comentó: “Estamos presenciando el final de la época de oro de mano de obra extremadamente barata en China” (New York Times, 3 de abril de 2006).
Sin embargo, pese a haber mantenido por más de dos décadas una tasa de crecimiento económico cercana al diez por ciento, no todos los sectores de la clase obrera china han experimentado una mejora en sus estándares de vida. Todo lo contrario. Comenzando a mediados de los años 90, las empresas industriales estatales pequeñas y medianas fueron privatizadas, típicamente vendidas a sus antiguos gerentes a precios de liquidación. Como resultado de estas privatizaciones, junto con las fusiones y los simples cierres, entre 20 y 30 millones de obreros, incluyendo un número desproporcionadamente alto de mujeres, fueron despedidos. Los más afortunados encontraron nuevos empleos, especialmente en el sector privado, pero en general con un salario menor y con pocas o ninguna de las extensas prestaciones que les daban las empresas estatales.
Una gran región fue especialmente devastada económicamente por los cierres: el “cinturón del óxido” del noreste, donde se concentraba una gran parte de las plantas industriales más viejas. Ahí, hasta el 40 por ciento de la clase obrera está desempleada. En general, se calcula que el desempleo está entre el seis y el trece por ciento de la población urbana económicamente activa. La Comisión de Desarrollo y Reforma Nacional, una agencia gubernamental que supervisa la política económica, calcula que si la economía crece un ocho por ciento este año, China generará once millones de empleos adicionales. Eso es menos de la mitad de la cifra oficial de 25 millones de desempleados urbanos, sin contar los nuevos ingresos a la fuerza de trabajo (Economist [Londres], 25 de marzo de 2006).
En general se reconoce que la era de “reformas” ha visto un ensanchamiento de las desigualdades, tanto al interior de las ciudades como entre las áreas urbanas y las rurales. Además de la nueva clase de capitalistas ricos, la China urbana tiene hoy una capa significativa de profesionistas pequeñoburgueses cuyos estándares de vida son muy similares a los de sus contrapartes en los países capitalistas avanzados. Mientras tanto, según el Informe de desarrollo humano de China de 2005, publicado por el Programa de Desarrollo de la ONU, la brecha entre el promedio de ingreso excedente de la China urbana y la China rural ha llegado a 3.2 a uno.
Estas estadísticas no deben oscurecer el hecho de que en aspectos importantes ha habido también una mejoría sustancial en las condiciones del campesinado. El consumo de electricidad en las áreas rurales aumentó casi ocho veces entre 1978 y 1997. La mayor parte de las familias campesinas posee aparatos domésticos. Lippit señala que para 1997 dos terceras partes de los hogares rurales tenían al menos un televisor blanco y negro, un medio básico de acceso a la vida cultural moderna.
Sin embargo, en otros aspectos importantes las condiciones del campesinado han empeorado. Las comunas rurales de la era de Mao brindaban atención médica rudimentaria, educación primaria y secundaria, pensiones de vejez y otros programas sociales. Entre 1980 y 1983, el régimen de Deng disolvió las comunas, remplazándolas con granjas familiares con contratos de arrendamiento a largo plazo: el “sistema de responsabilidad doméstica”. Se suponía que los programas sociales que antes brindaban las comunas serían retomados por el gobierno local. Dada la extrema descentralización del sistema de finanzas gubernamentales chino, los escasos recursos de los poblados y aldeas rurales resultaron totalmente inadecuados para ello. Las familias campesinas tuvieron que pagar de su bolsillo la atención médica y la escuela de sus hijos. Las consecuencias sociales fueron las previsibles:
“Pese a un notable progreso en la apertura del acceso a la educación, sigue habiendo serios desequilibrios. Las áreas rurales han quedado muy atrás de las ciudades y la población analfabeta de China se concentra en las áreas rurales. Sigue habiendo grandes diferencias en la calidad de las escuelas y la brecha entre las oportunidades educativas se ensancha conforme aumenta la edad de los estudiantes.
“También sigue habiendo brechas significativas en la salud de los residentes urbanos y los rurales, así como entre los residentes de distintas regiones. La mortandad infantil y materna son dos veces más altas en el campo que en las ciudades… Todos los indicadores muestran claras brechas de nutrición entre los niños rurales y los urbanos.”
—Informe de desarrollo humano de China de 2005
Ha habido un agudo incremento en lo que se llama oficialmente “incidentes masivos de descontento” en el campo. Las protestas y motines campesinos han estado dirigidos contra la toma de tierras por parte de funcionarios locales sin la compensación adecuada y contra los gravámenes arbitrarios, la corrupción y otros abusos burocráticos. En respuesta, el régimen de Hu Jintao ha prometido, bajo la consigna de un “nuevo campo socialista”, mejorar las condiciones del campesinado. El peso de los gravámenes ha disminuido, las cuotas de escuelas primarias y secundarias serán eliminadas para muchos estudiantes rurales y el gobierno central se ha comprometido a destinar más dinero a programas sociales e inversión en infraestructura en las áreas rurales. Sin embargo, como señaló el Economist (11 de marzo de 2006):
“Estas medidas no anuncian ningún cambio importante de políticas. El gasto del gobierno central en el campo seguirá sin pasar del 8.9 por ciento del total del gasto gubernamental, una cifra mayor que el 8.8 por ciento del año pasado pero menor al 9.2 por ciento de 2004. Abolir el impuesto agrícola y otras cuotas impuestas a los campesinos le ahorrará a cada trabajador rural un promedio de 156 yuanes (19 dólares) al año: alrededor de un 4.8 por ciento del ingreso neto.”
Una verdadera disminución de la brecha entre la China rural y la urbana requerirá la redistribución y reasignación masivas de recursos económicos. Introducir tecnología moderna en el campo —desde maquinaria hasta fertilizantes químicos y todo el complejo del cultivo científico— requeriría una base industrial cualitativamente más alta de la que existe hoy. A su vez, un aumento de la productividad agrícola aumentaría la necesidad de una inmensa expansión de empleos industriales en las áreas urbanas para absorber el vasto excedente de mano de obra que el campo ya no necesitaría. Claramente, eso significaría un proceso largo, particularmente dado lo limitado del tamaño y la productividad relativamente baja que aún tiene la base industrial de China. Tanto el ritmo de esta perspectiva como, en última instancia, la posibilidad misma de realizarla, dependen de la ayuda que recibiera China de un Japón socialista o de unos Estados Unidos socialistas, lo que subraya la necesidad de una revolución proletaria internacional.
El proletariado chino y la revolución socialista mundial
Aunque Hart-Landsberg y Burkett argumentan que las condiciones del campesinado y la clase obrera chinos han empeorado durante la era de “reformas”, el eje de su posición yace en un plano fundamentalmente distinto. Condenan el desarrollo de la clase obrera industrial más grande del mundo e identifican esto con la “restauración” del capitalismo. Aquí su perspectiva anarco-populista se contrapone directamente al entendimiento marxista del progreso social y la diferencia de clase entre obreros y campesinos. En su respuesta a Lippit, citan favorablemente una declaración de Tai-lok Lui, un académico izquierdista que participó en la discusión sobre “China y el socialismo” de Critical Asian Studies: “La reforma económica posterior a 1978 ha producido la verdadera proletarización de los obreros y granjeros de China. Realmente han quedado subordinados al mercado y separados de la propiedad de los medios de producción.”
¿Qué quiere decir Tai-lok Lui, para quien las “reformas de mercado” equivalen a la restauración del capitalismo, cuando escribe que el enorme crecimiento del proletariado chino vino acompañado por su separación de “la propiedad de los medios de producción”? Presumiblemente se refiere, además de las privatizaciones de la industria, a la liquidación de las comunas rurales de la era de Mao, que abarcaban a la gran mayoría de la población. Estas comunas eran básicamente un agregado de propiedades campesinas atrasadas que utilizaban métodos que requieren mucha mano de obra y una tecnología relativamente primitiva. En la medida en que la China de Mao era relativamente más igualitaria que la de Deng y sus sucesores, ésta era una igualdad de pobreza en una sociedad abrumadoramente rural.
Para entender el significado histórico de la transformación de un vasto sector del campesinado de China en proletarios, es útil revisar el libro de Karl Kautsky, La cuestión agraria (1899). Lenin lo consideraba una contribución muy importante al entendimiento de la economía mundial moderna. (El revisionismo derechista posterior de Kautsky y su hostilidad a la Revolución Bolchevique no niegan el valor de sus obras anteriores.) Existe, desde luego, una diferencia fundamental entre el carácter de clase de la Alemania imperial de finales del siglo XIX que describió Kautsky y el de la República Popular China. Sin embargo, hay un paralelismo en los efectos sociales de la proletarización del campesinado chino bajo la economía del “socialismo de mercado”. Como escribió Kautsky:
“La fábrica, al juntar los obreros dispersos facilita su entendimiento y pone en comunicación al pueblo industrial con el resto del mundo, porque desarrolla los medios de transporte y atrae los obreros más inteligentes de la ciudad.
“Sirve también de medio para poner en contacto parte de la población agrícola con el proletariado urbano, para despertar en ella la necesidad de la lucha de emancipación y para inducirla a tomar parte activa en esta lucha cuando las circunstancias sean favorables.”
De hecho, los obreros que emigran del campo han estado al frente de luchas obreras recientes en China. En el sureste, muchas jóvenes migrantes se han ido a huelga o se han negado a trabajar bajo las horribles condiciones de los talleres de hambre, produciendo una severa escasez de mano de obra desde el verano de 2004. En Shanghai y Beijing, los obreros migrantes, que conforman el 80 por ciento de la fuerza de trabajo en la industria de la construcción en auge, han conseguido mediante luchas mejores condiciones de trabajo.
Si bien las restricciones al traslado desde la China rural a la urbana se han relajado en las últimas décadas, no han sido eliminadas. Los migrantes, obligados a aceptar los trabajos más peligrosos y degradantes, carecen de los derechos legales de los residentes urbanos y típicamente son forzados a vivir en áreas segregadas. Muchos obreros urbanos miran con desdén a los migrantes, pues piensan que les roban los empleos y deprimen los salarios. Un partido de vanguardia revolucionario en China hoy lucharía por unir a todos los sectores de la clase obrera en alianza con los trabajadores del campo y los pobres urbanos. La lucha por que los migrantes tengan todos los derechos de los que gozan los residentes legales, incluyendo el acceso a la atención médica, la vivienda y la educación pública, así como pago igual por trabajo igual, es parte integral de la perspectiva de una revolución política proletaria.
En su debate sobre China y el socialismo, el liberal Lippit y los autoproclamados marxistas Hart-Landsberg y Burkett comparten un marco fundamentalmente falso. Al nivel económico, uno y otros rechazan el entendimiento marxista de que el capitalismo es un obstáculo al desarrollo global de las fuerzas productivas, y de que éstas sólo podrán progresar sobre la base de una economía internacional planificada y socialista. Al nivel político, uno y otros rechazan la perspectiva de la revolución proletaria mundial como el único medio para alcanzar una sociedad así, resolviendo finalmente el problema de la escasez.
En su análisis seminal de la degeneración estalinista de la URSS, La revolución traicionada (1936), Trotsky cita el comentario de Marx en La ideología alemana (1846) de que “…el desarrollo de las fuerzas productivas es prácticamente la primera condición absolutamente necesaria (del comunismo) por esta razón: que sin él sí se socializaría la indigencia y ésta haría recomenzar la lucha por lo necesario, y recomenzaría, consecuentemente, todo el viejo caos...” Con “todo el viejo caos”, Marx se refería a la opresión de clase, la desigualdad y la explotación. Repudiando totalmente este entendimiento materialista, los estalinistas predicaban la idiotez de que el socialismo podría construirse en un solo país si tan sólo se impidiera la intervención militar imperialista. El corolario de esta perversión del marxismo fueron las traiciones estalinistas a las revoluciones proletarias internacionalmente. En la Unión Soviética, el resultado final fue la devastadora contrarrevolución capitalista. En China, el mal gobierno de los estalinistas ha producido una sociedad plagada de contradicciones y descontento social.
Hoy, la República Popular China muestra tanto las tremendas ventajas que trajo consigo el derrocamiento del sistema capitalista —centralmente, un nivel de crecimiento económico que sobrepasa por mucho al de las neocolonias capitalistas como la India— como los frutos profundamente negativos del dominio burocrático estalinista. Estos incluyen un agudo aumento en la desigualdad, el crecimiento de nuevas fuerzas burguesas entretejidas con la burocracia parasitaria y la amenaza creciente de una contrarrevolución capitalista que destruya las conquistas de las masas obreras y campesinas chinas. Se debe forjar un partido leninista-trotskista que dirija a la inmensa y poderosa clase obrera china al frente de los campesinos y los pobres urbanos en una revolución política proletaria. Como escribió Trotsky en La revolución traicionada:
“No se trata de remplazar un grupo dirigente por otro, sino de cambiar los métodos mismos de la dirección económica y cultural. La arbitrariedad burocrática deberá ceder el lugar a la democracia soviética. El restablecimiento del derecho de crítica y de una libertad electoral auténtica son condiciones necesarias para el desarrollo del país. El restablecimiento de la libertad de los partidos soviéticos y el renacimiento de los sindicatos están implicados. La democracia provocará, en la economía, la revisión radical de los planes en beneficio de los trabajadores… Las ‘normas burguesas de reparto’ serán reducidas a las proporciones estrictamente exigidas por la necesidad y retrocederán a medida que la riqueza social crezca, ante la igualdad socialista… La juventud podrá respirar libremente, criticar, equivocarse, madurar. La ciencia y el arte sacudirán sus cadenas. La política extranjera renovará la tradición del internacionalismo revolucionario.”
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/china.html
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2016.05.22 00:34 ShaunaDorothy Mumia es inocente - ¡Libertad a Mumia Abu-Jamal! ¡Abolir la racista pena de muerte! ( 25 de enero de 2006)

https://archive.is/Td03V
Mumia es inocente
¡Libertad a Mumia Abu-Jamal!
¡Abolir la racista pena de muerte!
Mumia Abu-Jamal ha estado en la antesala de la muerte por casi 24 años, falsamente condenado por asesinar a Daniel Faulkner, un oficial de policía de Filadelfia. Todos los elementos del sistema de “justicia” capitalista conspiraron para incriminar falsamente a este antiguo miembro del Partido Pantera Negra y partidario de MOVE porque fue un elocuente y desafiante portavoz de los oprimidos. Su condena se basó en testimonios mentirosos, arrancados por los policías, sin un ápice de evidencia física. Un estenógrafo escuchó al juez de su juicio, Albert Sabo —conocido como el “Rey de la antesala de la muerte”—, decir “Les voy a ayudar a freír al n----r [epíteto racista en inglés remanente de la esclavitud]”. Manipulando al jurado para excluir a personas negras, la fiscalía inflamó a los miembros del jurado con la mentira grotesca de que la membresía de Mumia en los panteras, cuando era adolescente, demostraba que estaba comprometido a asesinar a un policía “ya en ese entonces”. La condena se aseguró con argumentos de que el jurado podía desechar cualquier duda acerca de la culpabilidad de Mumia, ya que él podría presentar “apelación tras apelación”.
El estado está tan determinado como siempre a ejecutar a Mumia, un hombre inocente. Durante casi dos décadas de apelaciones, todos y cada uno de los tribunales han rechazado la gran cantidad de evidencia documentada de la descarada incriminación falsa de Mumia. Durante más de cuatro años, los tribunales del estado de Pennsylvania, así como los federales, se han negado a considerar siquiera la confesión jurada de Arnold Beverly de que él, y no Mumia, disparó y mató a Faulkner.
La lucha por liberar a Mumia ha alcanzado una coyuntura crítica. En diciembre, el tribunal federal de apelaciones puso el caso de Mumia en “fast track” para su decisión. Tanto Mumia como los fiscales están apelando las decisiones hechas en 2001 por William Yohn, el juez de Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, quien revocó la sentencia de muerte pero mantuvo todos los aspectos de la embustera condena de Mumia. En poco tiempo, incluso en tan sólo seis meses, el tribunal podría decidir qué sigue para Mumia: la muerte, la vida en prisión o más procedimientos legales.
La ejecución de Stanley Tookie Williams por el estado de California en diciembre arroja una sombra ominosa. El linchamiento legal de Williams, que provocó una protesta nacional e internacionalmente, señaló la determinación de los gobernantes capitalistas estadounidenses de fortalecer su maquinaria letal, frente a la creciente reticencia de la población acerca de cómo se aplica la pena de muerte. Mumia Abu-Jamal, el principal prisionero político de Estados Unidos, es el blanco número uno de los verdugos. Arnold Schwarzenegger, el gobernador de California, dejó esto en claro cuando, al negar la clemencia para Williams, citó el hecho de que el libro de Williams de 1998, Life in Prison [La vida en prisión] estaba dedicado a Mumia Abu-Jamal, entre otros.
El caso de Mumia demuestra de qué se trata la racista pena de muerte. Es la cuerda de linchamiento legalizada, el arma máxima en el arsenal represivo gubernamental apuntada contra la clase obrera y los oprimidos. La pena de muerte, un legado de la esclavitud, se mantiene en una sociedad en la que la segregación de la mayoría de la población negra se emplea como una cuña para dividir a las masas trabajadoras y perpetuar el dominio rapaz del capital. La brutalidad asesina del racista sistema capitalista se exhibió ante todos cuando se dejó morir a miles de personas, en su mayoría negros y pobres, en Nueva Orleáns después del huracán Katrina.
La apelación de Mumia se realiza en el contexto de la declaración del gobierno de su “derecho” a desaparecer, torturar e incluso asesinar a quienes perciba como oponentes, y a espiar e intervenir los teléfonos de cualquiera y de todos. En nombre de la “guerra contra el terrorismo”, la administración de Bush, con apoyo del Partido Demócrata, está triturando los derechos ganados mediante tumultuosas batallas de clase y sociales. El propósito es atemorizar y silenciar a cualquiera que pueda atravesarse en el camino de la implacable ofensiva de los gobernantes capitalistas por la obtención de ganancias y sus aventuras imperialistas, como la ocupación colonial de Irak.
Conforme el caso de Mumia pasa por sus etapas finales de procedimientos legales, la lucha por su libertad se plantea urgentemente. El Partisan Defense Committee [Comité de Defensa Clasista] —una organización de defensa legal y social clasista asociada con la Spartacist League/U.S.— está a favor de intentar cualquier posibilidad legal para Mumia, al tiempo que no deposita ninguna fe en la “justicia” de los tribunales capitalistas. Mediante la publicidad y la acción, hemos luchado para movilizar a las fuerzas sociales más amplias, centradas en el movimiento obrero, para exigir la libertad de Mumia y la abolición de la racista pena de muerte. Mientras Mumia enfrentaba la ejecución en agosto de 1995, un flujo masivo de protesta, nacional e internacionalmente —desde organizaciones de libertades civiles y jefes de estado tales como Nelson Mandela de Sudáfrica hasta sindicatos que representan a millones de obreros—, tuvo éxito en detener la mano del verdugo.
Hoy, la situación es más difícil. Sin embargo, si se lleva a cabo mediante una movilización basada en el poder social de la clase obrera, la lucha por la libertad de Mumia sería un paso gigantesco hacia delante en la defensa de todos nosotros contra los cada vez más depravados y perversos gobernantes de este país.
Anatomía de un embuste
Ante los ojos del estado capitalista, desde el tiempo en el que Mumia era un portavoz de 15 años del Partido Pantera Negra, en Filadelfia en 1969, él era un hombre muerto con licencia. J. Edgar Hoover, el entonces director del FBI, dijo: “Se debe hacer entender a la juventud y los moderados negros que, si sucumben a las enseñanzas revolucionarias, serán revolucionarios muertos.” Esta política se llevó a cabo tanto bajo el gobierno Demócrata de Lyndon Johnson y Ramsey Clark, su fiscal general, como bajo el gobierno Republicano de Nixon. Bajo el programa de “contrainteligencia” del FBI conocido como COINTELPRO, fueron asesinados 38 panteras y cientos más incriminados falsamente y enviados a la cárcel.
Las 900 páginas de los archivos del FBI que el PDC pudo obtener a nombre de Mumia, aunque fueron muy expurgados, dejan claro que el FBI y los policías utilizaron cualquier “truco sucio” en su misión para atraparlo. Se registró cada uno de sus movimientos y su nombre se puso en el Índice de Seguridad del FBI, la versión de la década de 1960 de una lista de “terroristas” a eliminar. Aun con la desaparición de los panteras, el estado no desistió de su venganza contra Mumia. La defensa apasionada de los derechos de los negros por parte de Mumia, un periodista conocido como “la voz de los sin voz”, continuó encolerizándolos. Los policías de Filadelfia se enfurecieron particularmente por sus reportajes que simpatizaban con la organización MOVE, la cual fue víctima de una ofensiva de terror estatal.
Mumia fue blanco de asesinato por sus creencias políticas, por lo que escribió, por lo que dijo. En las primeras horas del 9 de diciembre de 1981, en la esquina de las calles 13ª y Locust, en Filadelfia, los policías finalmente vieron su oportunidad. Esa noche, Mumia conducía un taxi por el área. Escuchó disparos. Vio a personas que corrían, vio a su propio hermano y salió de su taxi para ayudarlo. Minutos después, una bala hirió a Mumia gravemente en el pecho. Cerca, Daniel Faulkner, un oficial de policía, yacía herido. Los policías encontraron la oportunidad que tanto habían esperado y la tomaron, incriminando falsamente a Mumia como un “asesino de policías”.
El caso de la fiscalía tenía tres ejes, todos basados en mentiras: el testimonio de un “testigo presencial”, coaccionado mediante favores y terror; una “confesión” supuestamente hecha por Mumia la noche del tiroteo, que es un engaño tan descarado que no salió a la superficie hasta meses más tarde; y “evidencia” inexistente de balística. En 2001, este embuste voló totalmente en pedazos con la confesión de Arnold Beverly de que él fue el hombre que disparó contra Faulkner. En una declaración jurada, impresa en el folleto del PDC Mumia Abu-Jamal Is an Innocent Man! [¡Mumia Abu-Jamal es inocente!], Beverly declaró:
“Me contrataron junto con otro tipo y me pagaron por disparar y matar a Faulkner. Yo había escuchado que Faulkner era un problema para la mafia y los policías corruptos, porque interfería con la corrupción y los pagos hechos para permitir sin procesamiento la actividad ilegal, incluyendo la prostitución, las apuestas y las drogas en el área del centro de la ciudad.
“Se le disparó a Faulkner en la espalda y luego en la cara, antes de que Jamal llegara a la escena. Jamal no tuvo nada que ver con el tiroteo.”
Además, Beverly declaró que hubo un segundo tirador, quien también huyó de la escena. Esto está apoyado por una declaración jurada de Billy Cook, el hermano de Mumia, quien testificó que su amigo Kenneth Freeman era un pasajero en el VW de Cook en la 13ª y Locust esa noche. Freeman admitió después ante Cook que él era parte del plan para asesinar a Faulkner y había participado en el tiroteo y luego huido de la escena. Además, esto está corroborado por el testimonio de William Singletary, un testigo en la escena, quien dijo que vio a un pasajero salir del VW de Cook, dispararle a Faulkner y luego huir de la escena.
Cuando menos media docena de testigos que estaban en la escena la noche del tiroteo vieron, desde distintos puntos, a uno o más hombres negros huir. Las comunicaciones urgentes de las patrullas policiacas, justo después del tiroteo, reportaron que los tiradores habían huido con la pistola de Faulkner. Cinco testigos, incluyendo dos policías, dijeron que el tirador llevaba una chamarra militar verde, que tanto Beverly como Freeman llevaban esa noche. Mumia llevaba puesta una chamarra de esquí acolchada roja con anchas rayas verticales azules. No hay chamarra verde en la evidencia policiaca.
Beverly dijo que a Mumia le dispararon los policías en la escena. Esto lo confirma nada menos que la oficina del examinador médico estatal, cuyo registro, escrito la misma mañana del tiroteo, cita a un oficial de homicidios que dijo que a Mumia le dispararon “refuerzos policiacos que llegaban”, no Faulkner. Otros testigos han corroborado el testimonio de Beverly de que había policías encubiertos y uniformados en las cercanías cuando ocurrió el tiroteo, lo cual Beverly supuso significaba que estaban incluidos en el plan para asesinar a Faulkner. Marcus Cannon, un testigo, vio a dos policías encubiertos en la calle frente al tiroteo. William Singletary también vio a los “camisas blancas” (supervisores policiacos) en la escena justo después de los disparos.
La fiscalía desecha la idea de que los policías pudieran matar a uno de los suyos como una invención ridícula. Haciendo a un lado el que Beverly haya pasado dos pruebas de detector de mentiras, su recuento concuerda con el hecho de que cuando asesinaron a Faulkner en 1981 estaban en curso cuando menos tres investigaciones federales de corrupción policiaca en Filadelfia, incluyendo conexiones policiacas con la mafia. Policías que trabajaban como informantes del FBI fueron eliminados a principios de la década de 1980. Un otrora fiscal federal reconoció que los federales tenían un policía informante cuyo hermano era un policía, tal como Faulkner tenía un hermano que era policía.
Una declaración jurada de Donald Hersing, un antiguo informante en una investigación del FBI acerca de corrupción policiaca, confirma que, en el tiempo del tiroteo de Faulkner, se decía que los federales tenían un informante en la fuerza policiaca. El oficial al mando de la División Central de Policía, donde ocurrió el asesinato de Faulkner, el jefe de la División de Homicidios de la policía y Alfonzo Giordano, el oficial de más alto rango en la escena del asesinato de Faulkner, estaban todos bajo investigación en ese entonces por cargos federales de corrupción. Estos policías fueron, literalmente, la cadena de mando en la falsa incriminación de Mumia Abu-Jamal.
Giordano había sido la mano derecha de Frank Rizzo, el notoriamente racista jefe de policía y después alcalde de Filadelfia. Desde 1966 hasta 1970, Giordano estuvo a cargo del escuadrón de policía “de vigilancia”, que dirigió el asalto policiaco al cuartel general de los panteras negras en 1970. También fue el supervisor del sitio policiaco de 15 meses a la casa de MOVE en Powelton Village en 1977-78, que resultó en el encarcelamiento de nueve miembros de MOVE bajo cargos embusteros de haber asesinado a un policía. Giordano sabía exactamente quién era Mumia. Siendo el oficial con mayor antigüedad en la escena, Giordano tuvo tanto el motivo como la oportunidad de incriminar falsamente a Mumia por el asesinato de Faulkner.
Giordano originó la afirmación de que la pistola de Mumia —la supuesta arma homicida— estaba junto a él en la calle. Sin embargo, según informes policiacos de radio, los policías seguían buscando el arma unos catorce minutos después de que hordas de policías llegaran a la escena. Giordano arregló que el taxista Robert Chobert, quien se convirtió en un testigo de la fiscalía, identificara a Mumia. Giordano fue el testigo central de la fiscalía en la audiencia previa al juicio de Mumia. Sin embargo, nunca se le llamó como testigo en el juicio de Mumia. Poco antes del juicio, se le asignó un trabajo de oficina. Un día hábil después de que Mumia fuera declarado culpable, Giordano renunció a la policía. En 1986, enfrentando cargos federales basados en que recibió decenas de miles de dólares en pagos ilegales entre 1979 y 1980, Giordano llegó a un arreglo. No pasó ni un día en la cárcel.
La red de mentiras de la fiscalía
La historia de la fiscalía es que dos personas estaban en la esquina de la 13ª y Locust, donde se le disparó a Faulkner: Billy Cook, el hermano de Mumia, y Faulkner. La fiscalía afirma que Mumia cruzó la calle corriendo cuando vio que Faulkner estaba golpeando a su hermano. Según la policía y los fiscales, Mumia le disparó al policía en la espalda, el policía le disparó a Mumia y entonces Mumia se paró encima del policía caído y le disparó al “estilo ejecución” varias veces en la cabeza. Incluso un examen cuidadoso de la propia evidencia de los policías y de los fiscales muestra la mentira de este escenario. Una mirada a los “tres ejes” del caso de la fiscalía proporciona no sólo la confirmación desnuda de la inocencia de Mumia, sino una clara corroboración del testimonio de Beverly.
Los testigos de la fiscalía: aun con amenazas y favores de la policía y de la fiscalía en la época del juicio de 1982, ningún testigo testificó haber visto que Mumia le disparara, de hecho, a Faulkner. Sólo uno, Cynthia White, la testigo estrella de la fiscalía, testificó que pensó haber visto un arma en la mano de Mumia cuando cruzó la calle. White, una prostituta que trabajaba en el área, afirmó haber presenciado los eventos desde la esquina sudeste de la 13ª y Locust. Sin embargo, los otros dos testigos de la fiscalía, así como dos testigos de la defensa, que conocían a White, ¡negaron todos que ella estuviera en la escena durante el tiroteo! Otras prostitutas testificaron en audiencias subsecuentes ante el tribunal que la policía alternadamente hacía favores y amenazaba a White para poder extraer su testimonio.
En lo que respecta a Robert Chobert, primero le dijo a la policía que el tirador “huyó”. Después de más interrogatorios cambió su versión, afirmando que Mumia se paró sobre Faulkner mientras se hacían los disparos y que nadie huyó. La fiscalía otorgó favores a Chobert, un taxista que usaba una licencia suspendida mientras estaba a prueba por un delito mayor de incendio premeditado, a cambio de su testimonio. Después admitió que él nunca vio el tiroteo. El tercer testigo del estado era Michael Scanlan. Inicialmente identificó a Mumia como el conductor del VW, pero luego afirmó que el tirador cruzó la calle Locust corriendo, lo cual Beverly admitió haber hecho. También admitió que no sabía si Mumia era el hombre que vio.
Balística y medicina forense: la fiscalía afirmó que la evidencia balística era “consistente” con que la pistola de Mumia era el arma homicida, incluso cuando admitió que la “consistencia” se aplicaba a millones de pistolas de mano. No existe evidencia siquiera de que el arma de Mumia haya sido disparada esa noche. Hubo muchas oportunidades de analizar las manos de Mumia o la pistola para ver si ésta había sido disparada recientemente. Sin embargo, según la policía, tales análisis, que son un procedimiento de operación estándar, ¡nunca se hicieron! El oficial de vigilancia que afirmó haber recogido la pistola de Mumia, no la entregó por más de dos horas, dando tiempo más que suficiente para alterarla.
El informe del examinador médico declara que se disparó a Faulkner con una bala calibre .44, pero la pistola de Mumia era de calibre .38. Aunque el laboratorio criminalístico afirmó que el principal fragmento de bala extraído de la cabeza de Faulkner estaba demasiado dañado para someterlo a pruebas, el experto en balística del equipo de defensores lo negó. Un segundo fragmento de bala extraído de la herida de la cabeza simplemente desapareció sin dejar rastro.
La evidencia en la escena —fragmentos de bala, manchas de sangre, la ausencia de agujeros en la banqueta— refuta la afirmación de la fiscalía de que a Faulkner se le disparó repetidamente mientras yacía en el suelo. Los patrones de las balas son mucho más consistentes con varios tiradores, como testifica Beverly. El casquillo de una bala de cobre encontrado en la escena era inconsistente tanto con la pistola de Faulkner como con la de Mumia, lo cual sugiere que un arma diferente fue disparada. De manera similar, sangre de tipo O fue encontrada en la escena, pero tanto Faulkner como Mumia y Cook eran tipo A, sugiriendo que había otra persona y que fue herida. El ángulo de las propias heridas de Mumia es imposible si le dispararon mientras estaba parado sobre Faulkner, como afirmó la fiscalía. Sin embargo, las heridas de Mumia son consistentes con el testimonio de Beverly de que a Mumia le disparó un policía en la escena.
La “confesión”: el último eje del embuste fue la afirmación de que Mumia, yaciendo en un charco de sangre en el hospital a donde lo llevaron para tratarlo, gritó que le había disparado al policía. Sin embargo, el oficial de policía asignado a vigilar a Mumia ahí, reportó ese mismo día que Mumia “no hizo comentarios”. En realidad, estaba tan malherido, con un orificio de bala en un pulmón, y había sido tan golpeado por la policía en la calle y en el hospital, que no podría haber “gritado” nada. La fiscalía manufacturó la “confesión” en una reunión de mesa redonda con policías dos meses después del tiroteo.
Priscilla Durham, una guardia de seguridad, fue la única empleada del hospital que respaldó la mentira policiaca de la “confesión”. Kenneth Pate, el hermanastro de Durham, juró en 2003 que Durham dijo que los policías la presionaban para decir que Mumia confesó. Pate también dijo que Durham escuchó a Mumia decir “Déjenme, déjenme, intentan matarme”.
Mumia Abu-Jamal ha mantenido su inocencia siempre categóricamente. Como afirmó en una declaración jurada de 2001: “No le disparé al oficial de policía Daniel Faulkner. No tuve nada que ver con el asesinato del oficial Faulkner. Soy inocente... Nunca confesé nada porque no tenía nada que confesar.”
¡Movilizarse ya para liberar a Mumia!
El caso de Mumia Abu-Jamal es un ejemplo perfecto de la naturaleza de clase del estado capitalista. Su sistema de justicia está predispuesto hasta la médula por criterios de clase y raza. Los policías y los tribunales que incriminaron falsamente a este hombre inocente, la tumba en vida del sistema carcelario en el que está preso, el verdugo que está listo para matar: todos son instrumentos de la violencia organizada, empleada para preservar el dominio de la clase capitalista mediante la supresión forzada de la clase obrera y los oprimidos. Las demandas de un “nuevo juicio” que los liberales, las organizaciones que se autoproclaman socialistas, los nacionalistas negros y otros han planteado, han alimentado ilusiones de que puede haber justicia en los tribunales capitalistas. Esas ilusiones desmovilizaron a un movimiento de millones alrededor del mundo en defensa de Mumia.
Ha llegado la hora de reavivar la protesta masiva —nacional e internacionalmente— por Mumia. La libertad de Mumia no se ganará mediante la confianza en el sistema de “justicia” manipulado o en los políticos capitalistas, ya sean Demócratas, Republicanos o verdes. El poder que puede cambiar la marea es el poder de millones —trabajadores, juventud antirracista, abolicionistas de la pena de muerte— unidos en lucha para exigir la libertad de este hombre inocente. La movilización del movimiento obrero, cuyo poder social se deriva de su capacidad para detener la producción, es crucial para esta perspectiva. Como hemos afirmado desde que tomamos la defensa de Mumia a mediados de los años 80, lo que se necesita son acciones de frente unido, centradas en la clase obrera, que generen protestas efectivas a través de un espectro de creencias políticas, al tiempo que aseguran a todos el derecho a expresar sus propias opiniones.
Ha llegado el momento de hacer del caso de Mumia un llamado a la lucha contra la racista pena de muerte, contra la opresión de los negros, contra la represión gubernamental. Eleva tu voz y organízate ahora en tu sindicato, tu universidad, tu comunidad, para exigir: ¡Libertad a Mumia Abu-Jamal! ¡Abolir la racista pena de muerte!
El Partisan Defense Committee [Comité de Defensa Clasista] es una organización de defensa legal y social, clasista y no sectaria, que defiende casos y causas en el interés de todos los trabajadores. Tal propósito está de acuerdo con el programa político de la Spartacist League.
¡Únete a la campaña para liberar a Mumia Abu-Jamal!
¡Se necesitan fondos urgentemente para la defensa legal! Haz una contribución hoy, a nombre de la “National Lawyers Guild Foundation” [Fundación del Gremio Nacional de Abogados] (destinada a “Mumia”) y envíala a: Committee to Save Mumia Abu-Jamal, P.O. Box 2012, New York, NY 10159.
¡Organiza protestas! Aprueba resolutivos en tus sindicatos, universidades, organizaciones comunitarias y religiosas exigiendo la libertad de Mumia. Haz que tu sindicato u organización contribuya económicamente y se una a marchas y protestas por Mumia. Publicita el caso de Mumia en el periódico de tu sindicato u organización.
¡Corre la voz! Contacta al PDC para recibir copias de nuestro folleto, Mumia Abu-Jamal Is an Innocent Man! [¡Mumia Abu-Jamal es inocente!]. Este folleto arma a los activistas en la lucha por la libertad de Mumia con la evidencia explosiva que destruye completamente la maquinación de más de dos décadas de duración contra este elocuente luchador por la libertad negra. Está disponible por US $1/MX $3. Obtén el botón del PDC: “Free Mumia Abu-Jamal! Abolish the Racist Death Penalty!” [¡Libertad a Mumia Abu-Jamal! ¡Abolir la racista pena de muerte!]: US $1/MX $5 cada uno. Ordena el video del PDC, From Death Row, This Is Mumia Abu-Jamal [Éste es Mumia Abu-Jamal, desde la antesala de la muerte]: US $15/MX $75. El presente folleto, US $2/MX $10 por 25 ejemplares.
Haz tus pedidos y cheques al Partisan Defense Committee; envíalos a nuestra dirección en la Ciudad de Nueva York, que aparece enseguida.
Partisan Defense Committee:
Correo electrónico: [email protected]
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P.O. Box 77462, San Francisco, CA 94107-0462 (510) 839-0852
http://www.icl-fi.org/espanol/leaflets/mumia2006.html
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